Debemos esforzarnos por conocer el contexto arqueológico de toda estación con arte paleolítico. En este sentido, Llonín es casi la única cueva asturiana con un registro preciso de todos los grupos humanos que la habitaron; los otros sitios son La Viña y La Lluera, pero con un arte incomparablemente menos variado formal y diacrónicamente” (Javier Fortea, 2007)

Cierva tamponada, cueva de Llonín. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Cierva tamponada, cueva de Llonín. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

EL ARTE PALEOLÍTICO DE LLONÍN fue dado a conocer en 1971. La primer publicación  data de 1979, tras un notable estudio llevado a cabo por Magín Berenguer Alonso. Aunque desde entonces, su contenido artístico fue objeto de valoración por parte de distintos autores,  el estudio sistemático tanto de su arte como de su yacimiento arqueológico es desarrollado por Javier Fortea Pérez y Marco de la Rasilla a partir de 1984, a instancias de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, que ha promovido igualmente distintos estudios relacionados con la conservación del arte de la cueva.

En dicha fecha se llevó a cabo la fase preliminar de investigación y planificación, realizándose trabajos de exploración y valoración del sitio, así como los preparativos necesarios previos a las excavaciones arqueológicas. A partir de 1987, comenzó la serie anual de campañas de trabajo arqueológico y estudio del repertorio artístico, investigaciones que se prolongaron durante casi dos décadas, y que dejan un modelo a seguir en el proceso de investigación de una cueva con arte rupestre paleolítico.

Desde el punto de vista arqueológico fue posible definir tres áreas bien diferenciadas: El Vestíbulo, La Galería y La Gran Sala. El Vestíbulo, desde donde se accede a los otros dos espacios conforma un depósito sedimentario formado por milenios de ocupación humana y por distintos procesos de erosión y alteración geológica. esto provocó que buena parte del depósito arqueológico que contenía se deslizase hacia el interior de la cueva y hacia la ladera inmediata de acceso, razón por la cual, a pesar de haber sido una zona idónea de ocupación, haya suministrado poca información arqueológica al conjunto.

La Galería conforma, junto con el Vestíbulo, la segunda de las zonas con buenas condiciones de hábitat. Apenas sufrió procesos erosivos, y los daños antrópicos fueron superficiales, por lo que su estratigrafía estaba intacta, contribuyendo a un buen conocimiento de la secuencia ocupacional del yacimiento.

En la Gran Sala se encuentra un enorme cono de deyección compuesto por el material deslizado desde el vestíbulo hacia el interior de la cueva. Esta zona ha guardado una parte muy importante de la secuencia ocupacional de Llonín, sin inversión estratigráfica pero con los restos arqueológicos desplazados respecto de su posición original.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en estos sectores de la cueva han sacado a la luz el uso prolongado que se hizo de la misma, desde el Musteriense hasta la Edad del Bronce, periodos que exceden por ambos extremos al Paleolítico Superior y que implican un marco cronológico de casi 30.000 años. De la fase más antigua, el Musteriense, aparecen acumulaciones de huesos de animales (pantera, lobo y cabra) organizadas en pequeñas estructuras, significativas de una doble intervención, animal y humana. Por otro lado, materiales indicativos de la última presencia prehistórica en la cueva (Aziliense y Edad del Bronce) se hallaron  un arpón y varios fragmentos de cerámica y metálicos.

Costilla grabada con representaciones de cabras en visión frontal, procedente de los niveles magdalenienses de Llonín. © Museo Arqueológico de Asturias
Costilla grabada con representaciones de cabras en visión frontal, procedente de los niveles magdalenienses de Llonín. © Museo Arqueológico de Asturias

La presencia humana durante el Paleolítico Superior está atestiguada para cada una de sus grandes fases, aunque de manera desigual. De ellas, sólo el Solutrense superior ha sido documentado en todas las áreas. El momento más antiguo, Gravetiense Final, se ha localizado únicamente en la Galería (puntas típicas, plaqueta teñida de ocre rojo), circunstancia que se repite para el Magdaleniense arcaico (industria lítica significativa, útiles óseos con decoración grabada, agujas). El Magdaleniense medio sólo está documentado en el Cono, y el Magdaleniense superior en este último, en el Vestíbulo y en la Galería. Al igual que el Solutrense en la Galería, el cono  ha ofrecido una importante cantidad de información lítica y ósea del periodo magdaleniense, hallándose aquí las piezas de arte mueble más significativas de la cueva. Entre ellas hay que destacar, del Magdaleniense medio, el segundo rodete perforado encontrado en Asturias, tras el del abrigo de La Viña, y del Magdaleniense superior y sendas piezas óseas decoradas con diversas representaciones de cabra. Siguiendo en el apartado del arte mueble, tampoco puede dejar de mencionarse el omóplato perforado y decorado hallado en el rico nivel solutrense de la Galería, pieza de enorme importancia por su calidad y excepcionalidad.

Respecto al estudio del arte rupestre, se empleo la fotogrametría digitalizando las fotografías del mosaico previamente obtenido, para unirlas después mediante los programas usuales de tratamiento de imágenes. Este documento base se convierte es un plano fotográfico a color con la mayor definición posible y con el que se acude a la cueva, ayuda mucho “en la tarea de verter en él la lectura analítica que ojo y mente del arqueólogo realizan ante la pared“.

El análisis del arte de Llonín, la aplicación en el estudio de las superposiciones, la cronología arqueológica y métodos para establecer una cronología relativa, señalan a una importantísima diacronía, con seis fases artísticas pertenecientes a los distintos momentos de ocupación. La distribución del arte no es, sin embargo, espacial y cronológicamente homogénea, siendo la cultura gravetiense la que dio una estructura global a la cueva, al conservarse fases artísticas de este momento en la totalidad de las zonas decoradas.

Reconstitución del arte rupestre del panel principal de La sala de Llonín. © Alba Rey, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Reconstitución del arte rupestre del panel principal de La sala de Llonín. © Alba Rey, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

Complementariamente a la actividad artística, debe mencionarse la llamativa y misteriosa actividad practicada por los artistas paleolíticos, colocando intencionalmente pequeños objetos, como lascas, trozos de hueso o caninos en las grietas de la pared. Esta actitud, presente también en otras cuevas europeas, remite a un complejo e indescifrado pensamiento simbólico asociado al arte paleolítico y a la propia pared que lo sustenta.

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Javier Fortea, Marco de la Rasilla, Vicente Rodríguez: “La Cueva de Llonín (Llonín, Peñamellera Alta): Campañas de 1987 a 1994”, en Excavaciones Arqueológicas en Asturias, 2-3, 1992, 1995. (RIA).

Lucía Martínez Fernández: El Gravetiense en el sector occidental cantábrico y sus conexiones pirenaicas. Tesis doctoral. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo, 2015.

Marco de la Rasilla, David Santamaría, Lucía Martínez, Javier Fernández de la Vega, Vicente Rodríguez, Javier Fortea, Elsa Duarte: “Licnología paleolítica: las lámparas de las Cuevas de Llonín y El Covarón (Asturias)”, en Zephyrus, Revista de Prehistoria y Arqueología, 65, 2010, p. 103-116.

MÁS INFORMACIÓN:

LLONÍN. PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

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