“Un elemento constante en la exposición, dado el papel emocional que juega el espectacular entorno natural, es dar pistas para tratar de comprender que se trata, en realidad, de un paisaje fuertemente intervenido por el uso humano del territorio a muy largo plazo, pero que ha resultado compatible con la conservación de unos valores paisajísticos singulares, a pesar de los cambios acaecidos desde la Prehistoria hasta la actualidad” (Manuel R. González Morales, 2008)

Centro de Interpretación de San Emeterio. © Habitos Culturales
Centro de Interpretación de San Emeterio. © Habitos Culturales

EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE SAN EMETERIO supone un acercamiento histórico a uno de los paisajes más singulares y excepcionales de la geografía asturiana. Desde la cueva de El Pindal y su arte paleolítico hasta las cercanas ruinas de Tina, todo da cuenta de un espacio fuertemente transitado a lo largo de la Historia. Pindal y Tina marcan los límites temporales del contenido de la exposición, aunque se intercalan referencias a otros hitos patrimoniales cuyo conocimiento es relevante para la comprensión histórica del territorio en el que se insertan.

La exposición supone un “descenso a los orígenes”, en palabras de su responsable científico, al estar concebida desde el piso superior del edificio que la alberga, donde se hace referencia a las épocas más modernas, hasta la planta inferior, donde nos encontraremos información sobre los distintos periodos prehistóricos. El descenso a lo largo de la exposición es adecuada metáfora del descenso paralelo que el visitante habrá de realizar hasta la entrada de la cueva de El Pindal, objetivo de la mayor parte de los visitantes del lugar.

Las ruinas de Tina remiten a uno de los elementos de indudable importancia del mundo social de la plena y baja Edad Media, como es el de los dominios eclesiásticos. Pero junto a ellos estaba el surgimiento y desarrollo del poder señorial, de lo que dan testimonio las torres o casas fuertes. Existen dos ejemplos señeros en la zona: la Torre de Estrada, en Val de San Vicente, y la Torre de Noriega, en Ribadedeva, sin olvidar, mucho más próximo, el Palacio del Pedroso, en Pimiango, ejemplo de lo que significaron estas construcciones como manifestación del poder social.

Las referencias al mundo prerromano y romano nos conducen al transito entre la Prehistoria y las primeras edades de los metales, al Asturiense y al Paleolítico Superior. Los yacimientos arqueológicos de la comarca nos permiten conocer cómo se desenvolvió la vida de esos pobladores paleolíticos: la temprana aparición del marisqueo, ya documentado hace unos 25.000 años en la Fuente del Salín; la continuidad de esas prácticas hasta fines del Paleolítico Superior en Pindal, Espinoso o Mazaculos; y la caza de una fauna salvaje rica y variada, junto a la pesca fluvial, complementada con la pesca marina en los momentos más tardíos.

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Manuel R. González Morales: proyecto museográfico del Centro de Interpretación de San Emeterio (4,32 mb)

Información práctica para su visita

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