Hermilio Alcalde del Río (1866-1947)

“La noticia del fallecimiento de mi buen y fiel amigo acaba de llegarme, y me llena de tristeza por la larga amistad y tantos felices recuerdos de excursiones y buen trabajo entre ambos. Tuvimos juntos, entre 1906 y hasta 1914, unas largas temporadas de colaboración, de las mejores de nuestras vidas, que las lastimosas guerras han estropeado” (Henri Breuil, 1947).

Hermilio Alcalde del Río
Hermilio Alcalde del Río

NACIDO EN LA LOCALIDAD DE VILLAMEDIANA (Palencia), se traslada junto a su madre a Torrelavega tras el temprano fallecimiento de su padre. Será en esta localidad donde lleve a cabo sus estudios de Enseñanza Media, desplazándose con posterioridad a Madrid para cursar estudios de Arte en la Escuela Especial de Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura, que concluirá en 1891. De regreso a Torrelavega, con ayuda de la Asociación para el Fomento e Instrucción de Clases Particulares, funda la Escuela de Artes y Oficios, destinada a la preparación de obreros y artesanos, institución modelo que regentó hasta sus últimos días y que a base de esfuerzo y tesón convertirá en un referente nacional entre los centros educativos y formativos del país.

Su primer contacto con el arte rupestre paleolítico se produce con motivo de la visita que en 1902 realizan Henri Breuil y Émile Cartailhac a la cueva de Altamira, comisionados por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia. Después de aquella visita, y una vez finalizada la campaña de ambos investigadores tras un mes de trabajo, Hermilio Alcalde del Río acometió por su cuenta el estudio y la investigación de Altamira. Si bien carecía de preparación arqueológica, se dedicó con empeño a explorar hasta los últimos rincones de la cueva. Hombre de constitución ligera y ágil, pequeño y delgado, lo que favoreció sus desplazamientos subterráneos, realiza en aquellos meses una extraordinaria copia al pastel de las pinturas y grabados, que fueron situadas por Alcalde del Río en su exacta posición para reconstruir el panel tal y como se encontraba en el techo de la cueva.

Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río
Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río

A la vista de los descubrimientos de arte rupestre paleolítico que se estaban sucediendo en Francia, Hermilio Alcalde del Río consideró que Altamira no debía ser un caso aislado en la región, por lo que a partir de 1903 inicia una intensa tarea de prospección por toda la comarca, con la colaboración en ocasiones del padre paúl Lorenzo Sierra, que le lleva a una frenética carrera de nuevos hallazgos de cuevas con arte rupestre en el territorio de Cantabria: en 1903 descubre Covalanas y La Haza junto a Lorenzo Sierra; poco más tarde y ese mismo año, identifica el arte rupestre de El Castillo y de Hornos de la Peña. En 1905 Santián; en 1906, en compañía de Breuil, La Clotilde; en 1907 El Pendo y La Meaza; en 1909 Las Aguas y en 1911 la llamada galería C de La Pasiega, cueva descubierta por Obermaier en el transcurso de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal
Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal

Pero la labor prospectora de Hermilio Alcalde del Río no se limitó al territorio administrativo de Cantabria; será el responsable de la identificación del arte rupestre en Asturias, con el descubrimiento en 1908 de las pinturas y grabados de El Pindal, Quintanal y Mazaculos; ese mismo año, junto a Henri Breuil y Louis Mengaud, La Loja; y años más tarde, en 1912, San Antonio, a orillas del Sella, cueva que también será visitada ese año por Hernández-Pacheco, y un año más tarde por Henri Breuil.

De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río
De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río

Sus primeras publicaciones referidas al arte rupestre se inician en el año 1902, en una serie de artículos que fueron publicados en el diario El Liberal Montañes. En 1906 publica Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas, obra de mérito que contribuyó al reconocimiento de investigadores como Breuil, Martel o Cartailhac, y en la que según el abate Breuil “se exponían nuevos e importantes descubrimientos hechos en las cavernas de Covalanas, Hornos de la Peña o El Castillo”. Si bien el abate Breuil realiza una pequeña crítica sobre sus calcos, Hermilio Alcalde del Río, lejos de aceptarla, la va a rebatir, argumentando que su pericia en la realización de los mismos supera la de Breuil “por su magisterio artístico y sus años de docencia”. La publicación de su estudio sobre las cuevas descubiertas hasta ese momento y sus insistentes cartas al prehistoriador francés acabarán fructificando en una estrecha colaboración entre ambos, a partir de la visita de Breuil a Cantabria en 1906.

El mérito de sus investigaciones y publicaciones y el reconocimiento de aquellos investigadores le permitirán recibir el patrocinio del príncipe Alberto de Mónaco; en 1906 Alcalde del Río firma un contrato con el mandatario monaguesco para fomentar el estudio de la Prehistoria en la región cantábrica, comprometiéndose a la publicación de los descubrimientos efectuados en territorio español. Alcalde del Río cederá los derechos de publicación al Príncipe Alberto, reservándose este la titularidad sobre los dibujos y publicaciones de la obra. Años más tarde, en 1909, con motivo de la presencia de Alberto de Mónaco en Santander, se firma un segundo contrato, que incluirá a Lorenzo Sierra, por el que sufragarían las excavaciones en las cuevas de El Valle, Venta la Perra, Hornos de la Peña y El Castillo, reservándose el príncipe la propiedad de los objetos prehistóricos, que habrían de ser depositados en el Museo Público Español de la provincia de Santander. Después de las visitas del príncipe Alberto a las cuevas cántabras, surge la propuesta de la creación del Instituto de Paleontología Humana de París, gran actor de la investigación prehistórica internacional y cuyas principales actuaciones tuvieron como campo de estudio las cuevas cántabras. Hermilio Alcalde del Río colaborará con el Instituto, a pesar de sus diferencias con Hugo Obermaier, prehistoriador responsable de la excavación de la cueva de El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.
Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.

De resultas de la colaboración de Alcalde del Río con la institución francesa, en 1911 ve la luz la edición de Les Cavernes de la Région Cantabrique, obra cumbre de la prehistoria mundial. En sus 247 páginas, 258 reproducciones y 100 planchas, Alcalde del Río, Henri Breuil y Lorenzo Sierra sintetizan el estudio de las principales cavernas conocidas en la región, incluidas las asturianas Pindal, Mazaculos, Quintanal y la Loja. Esta obra, recientemente reeditada en colaboración con las administraciones autonómicas de Cantabria y Asturias, surge en un ambiente de incipiente actividad científica, donde destaca la figura de Alcalde del Río, ofreciendo por vez primera y con carácter monográfico el estudio de diversas cavidades con arte parietal, en un detallado registro documental de las figuras conservadas.

Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique
Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique

El estallido de la I Guerra Mundial pondrá fin a las actividades del Instituto de Paleontología Humana y a la colaboración de Alcalde del Río con sus investigadores. Si bien continuará manteniendo relación epistolar con Cartailhac y con Henri Breuil, se alejará paulatinamente de la investigación arqueológica, dedicándose por entero a la dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, llevando a cabo además estudios de carácter etnográfico por el territorio cántabro. Entre 1920 y 1922 es elegido alcalde de Torrelavega.

Fallece en 1947, tras lo cual, el abate Henri Breuil envía una sentida carta a su viuda e hijas: la cita del encabezamiento pone de manifiesto hasta que punto las convulsiones de la primera mitad del siglo XX alteraron sus propuestas de estudio e investigación conjunta: “tuve mucha alegría de encontrarle, la última vez en 1932, ya viejecito pero siempre con el mismo entusiasmo y el mismo corazón amistoso. Después de la última guerra, nos hemos escrito cariñosamente varias veces…”

Hombre discreto, “tan sabio como modesto”, su figura y obra es clave en los inicios de las investigaciones sobre arte rupestre tanto en Cantabria como en Asturias.

Fuentes:

MADARIAGA DE LA CAMPA, Benito. Hermilio Alcalde del Río. 1866-1947. Biografía de un prehistoriador de Cantabria. Ayuntamiento de Puente Viesgo, Obra Social de Caja Cantabria, Puente Viesgo, 2003.

FERNÁNDEZ VEGA, Pedro A.; GARCÍA DÍEZ, Marcos; HUREL, Arnaud. Las Cavernas de la Región Cantábrica (Cantabria, España). Centenario de las Excavaciones de El Castillo y de la fundación del Instituto de Paleontología Humana (París) – Fundación S.A.S. Alberto I de Mónaco.  Gobierno de Cantabria. Imprenta Quinzaños, Santander 2010.

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Francisco Jordá Cerdá (1914-2004)

“En momentos en los que la acreditación de la calidad y de la excelencia se han convertido en lugares comunes para nuestras universidades, cabe recordar a aquellos pocos, muy pocos, investigadores españoles que como el profesor Jordá alcanzaron un reconocimiento y prestigio internacionales” (J. Emili Aura Tortosa, 2004)

Francisco Jordá. © Jesús F. Jordá Pardo
Francisco Jordá. © Jesús F. Jordá Pardo

NACIDO EN 1914, y fallecido en 2004, el año 2014 marca un siglo desde su nacimiento y una década desde su pérdida, por lo que parece oportuno recordar a Francisco Jordá, Don Paco, para amigos y discípulos, destacando sus estrechos vínculos con Asturias y sus aportaciones al estudio e investigación de su arte rupestre, incluso desde la lejanía de su cátedra en Salamanca.

Natural de Alcoy, se licencia en la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, en la sección de Historia, en el año 1936, obteniendo un puesto de profesor en el Instituto Nacional de 2ª Enseñanza de su localidad natal. Tras el estallido de la Guerra Civil española, se alista como voluntario en las Milicias de Alcoy, siendo destinado como observador cartográfico al frente de Teruel, donde es hecho prisionero. Tras pasar por varios campos de concentración, es sometido a consejo de guerra por “auxilio a la rebelión”, siendo condenado a reclusión perpetua, ingresando en 1939 en la Prisión Central de Burgos.

En 1943, cumplidos cuatro años de cárcel, es puesto en libertad, incorporándose a la vida civil con grandes dificultades, dado su pasado republicano. En Valencia, donde ejerció de profesor en diversas academias, empieza su relación con el Servicio de Investigaciones Prehistóricas de la Diputación Provincial, iniciando su dilatada actividad arqueológica como colaborador de Luis Pericot e Isidro Ballester. En 1950 es nombrado director del Museo Arqueológico de Cartagena y Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas de Murcia. Durante esos años dirige trabajos arqueológicos en numerosos yacimientos de la zona levantina peninsular: Mallaetes, Cocina, Cova Negra y La Ereta del Pedregal (Valencia); Torre del Mal Paso y La Balaguera (Castellón); y la Bastida de Totana (Murcia). En 1951 descubre las pinturas rupestres levantinas del Barranco de las Letras y del Cinto de la Ventana en la Sierra de Dos Aguas (Valencia).

En el año 1952 accede por oposición al puesto de Jefe del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Oviedo, y en 1953 es nombrado director del Museo Arqueológico Provincial. En 1954 obtiene el grado de Doctor en Filosofía y Letras, defendiendo su tesis sobre El Solutrense en España y sus problemas, e ingresa en la Universidad de Oviedo, primero como ayudante de clases prácticas, y más tarde como profesor adjunto por oposición, llegando a ocupar el puesto de profesor encargado de la Cátedra vacante de Historia General del Arte e Historia General de España.

Francisco Jordá, en la Biblioteca del Museo Arqueológico de Asturias © Museo Arqueológico de Asturias
Francisco Jordá, en la Biblioteca del Museo Arqueológico de Asturias © Museo Arqueológico de Asturias

Ni sus responsabilidades administrativas, ni sus tareas académicas, ni las insidias y denuncias contra su persona por su pasado político, impidieron que en Asturias iniciase una ferviente e intensa actividad arqueológica, en yacimientos repartidos por toda la geografía asturiana y pertenecientes a muy distintas etapas de la historia de Asturias: Bricia, Pindal, Cueto la Mina, Peña de Candamo, La Lloseta, Cova Rosa o El Cierro, entre las cuevas prehistóricas, descubriendo además las pinturas paleolíticas de la cueva de Les Pedroses, en Ribadesella; los túmulos de Campiello y Baradal; los castros de Arancedo, Coaña, Mohías, San Chuis y Pico Castiello; y las villas romanas de Murias de Beloño o Paraxuga. Y no debe obviarse su intervención en la investigación de la cueva del Cuetu Lledías, en Posada de Llanes, clave en la confirmación de la falsedad, tanto de su yacimiento arqueológico como de sus pinturas rupestres. En estos años participará además en la excavación de la ciudad romana de Lancia (León), y en trabajos arqueológicos en el antiguo Sahara español.

Calco de Francisco Jordá del panel de la cueva de Les Pedroses
Calco de Francisco Jordá del panel de la cueva de Les Pedroses

En 1962 obtiene por oposición la Cátedra de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Salamanca. Ocupará la dirección del Seminario de Arqueología y del Departamento de Prehistoria, y del Comité Editorial de la revista Zephyrus. Desde Salamanca, su actividad arqueológica se multiplica por todo el territorio peninsular, destacando sus trabajos en los yacimientos prehistóricos de Ojo Guareña y Atapuerca, La Pileta, Nerja, Mallaetes o Maltravieso; también sus publicaciones sobre el arte paleolítico de Herrerías (Llanes) y Tito Bustillo y La Lloseta, una de las primeras de carácter científico dedicadas al arte rupestre de las cuevas riosellanas.

Francisco Jordá y su equipo a la entrada de la cueva de Nerja. © Julián Bécares
Francisco Jordá y su equipo a la entrada de la cueva de Nerja. © Julián Bécares

Además de su actividad académica e investigadora, participa en varias comisiones científicas, como la Comisión Nacional para la conservación del Arte Rupestre, la Comisión Científica del Patronato de la Cueva de Nerja o la Comisión Internacional para la salvaguarda del arte rupestre del Tassili (Argelia). Fue miembro de numerosas sociedades científicas y de investigación, nacionales e internacionales, siendo incontables sus aportaciones a congresos y reuniones científicas de todo el mundo.

Francisco Jordá. © José Manuel Benito Álvarez
Francisco Jordá. © José Manuel Benito Álvarez

Su actividad científica se centró básicamente en el estudio del Paleolítico Superior, el arte rupestre paleolítico y pospaleolítico, el mundo castreño y las religiones prehistóricas. El fruto de sus investigaciones está plasmado en más de dos centenares de artículos, actas de congresos y monografías, sin olvidar su importante labor divulgativa, que va desde la publicación de obras de carácter general y volúmenes enciclopédicos a guías de cuevas y monumentos.

Francisco Jordá Cerdá es un referente imprescindible en la Prehistoria y la Arqueología Española del siglo XX, iniciando en España una práctica arqueológica caracterizada por aportaciones multidisciplinares procedentes de distintas especialidades científicas y contribuyendo a la formación de muchos de los integrantes de las actuales generaciones de prehistoriadores y arqueólogos.

Fuente: 

JORDÁ PARDO, Jesús F. “Francisco Jordá Cerdá: cincuenta años de investigación arqueológica en la Península Ibérica”. En FLOR, Germán (ed.): Actas de la XI Reunión Nacional del Cuaternario: [celebrada en Oviedo, del 2 al 4 de julio de 2003]. Oviedo: Consejería de Cultura, 2003, p. 1-7. (1mb)

ÁLVAREZ ALONSO, David; FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, José Antonio (coords.). Francisco Jordá Cerdá (1914-2004). Maestro de Prehistoriadores. Anejos de Nailos, 2 (2014): Oviedo, Museo Arqueológico de Asturias 12 y 13 de septiembre, 31 de octubre y 1 de noviembre de 2014, 305 pp.

DÍAZ GARCÍA, Fructuoso. “El prehistoriador que no se achicó: Francisco Jordá Cerdá (1914-2004)”. En ÁLVAREZ ALONSO, David (ed.): Los grupos cazadores-recolectores del Occidente Cantábrico. Estudios en Homenaje a Francisco Jordá Cerdá en el centenario de su nacimiento. 1914-2014. Entemu XVIII (2014), p. 7-34, UNED, Centro Asociado de Asturias, Gijón 2013.

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Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan (1872-1965)

“Supo trabajar con constancia y aguda inteligencia y puso esfuerzo cuando faltaron los medios. Admirado por todos y por todos respetado, llenó con su notable personalidad muchos campos de la ciencia española” (Martín Almagro Basch, 1965)

Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan
Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan

NACIDO EN MADRID, PERO DE FAMILIA EXTREMEÑA, originaria de la población cacereña de Alcuéscar, cursa los estudios de Ciencias Naturales en Madrid, culminando su Licenciatura con Premio Extraordinario. Obtiene el título de Doctor en 1896, con la Tesis Doctoral “Estudio Geológico de la Sierra de Montáchez”, ubicada en Extremadura, y muy cercana a su localidad natal. Con posterioridad ocupa cargos de responsabilidad en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Cáceres, y también en la Universidad de Valladolid.

En 1899, a los veintisiete años, obtiene por oposición la Cátedra de Historia Natural del Instituto de Secundaria de Córdoba, desarrollando, junto a algunos colegas, una importante labor de modernización de los estudios y métodos de enseñanza del centro, buscando un contacto directo con el medio natural. Llegó a crear un “Centro de Excursiones” y una “Sociedad de Expansión de la Enseñanza”, influenciado por los Gabinetes de Historia Natural del siglo XIX y la Institución Libre de Enseñanza. Sus itinerarios con frecuencia servían para hacer observaciones geológicas, botánicas, paleontológicas y arqueológicas, lo que dio pie a la publicación de sus primeros trabajos e investigaciones.

En 1907 es nombrado profesor adjunto en la Universidad de Madrid y adjunto al Museo Nacional de Ciencias Naturales. En 1910 obtiene la Cátedra de Geología de la Universidad Central, desempeñando a partir de entonces la jefatura de la sección de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, prosiguiendo con su labor educativa  más allá de las aulas, ligada al ambiente de la Institución Libre de Enseñanza, siendo frecuentes sus excursiones por la Sierra de Madrid a través de la Sociedad Peñalara.

Como geólogo, su gran y monumental obra fue la elaboración del Mapa Geológico de España; como biólogo, destaca su labor como conservacionista en la Junta Central de Parques Nacionales, en cuyos trabajos participó con especial intensidad a finales de los años veinte y principios de los treinta, y su papel en el desarrollo de dos figuras jurídicas de protección de la naturaleza: Sitio Natural de Interés Nacional y Monumento Natural de Interés Nacional.

Eduardo Hernández-Pacheco, en el Museo de Ciencias Naturales.© CSIC
Eduardo Hernández-Pacheco, en el Museo de Ciencias Naturales.© CSIC

Como arqueólogo, funda en 1911 la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, al amparo de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, dependiente del Museo Nacional de Ciencias Naturales. La Comisión será un instrumento fundamental en el impulso  de la investigación arqueológica española en las tres primeras décadas del siglo XX, emprendiendo una notable labor de publicación y difusión de los resultados de sus investigaciones.

Según Hernández-Pacheco, la creación de la Comisión obedeció a “la necesidad de favorecer el desarrollo del conocimiento de la Prehistoria y la Paleontología”, estableciendo un grupo de estudio de funcionamiento autónomo respecto del Museo Nacional de Ciencias Naturales, pero que “en él tuviera su sede y laboratorios, y a él fueran destinados los objetos y restos arqueológicos a partir de sus investigaciones”. En el documento fundacional de la Comisión aludió al “excepcional interés de las exploraciones de cavernas y abrigos que sirvieron de habitación al hombre primitivo, cuyo estudio ha producido importantes descubrimientos en la ciencia prehistórica y ha suministrado valiosos datos para el conocimiento de la historia patria”.

Eduardo Hernández-Pacheco frente al Muro de los Grabados de La Peña de Candamo. © Francisco Hérnandez Pacheco de la Cuesta, CSIC
Eduardo Hernández-Pacheco frente al Muro de los Grabados de La Peña de Candamo. © Francisco Hérnandez Pacheco de la Cuesta, CSIC

En el ámbito arqueológico, destaca su contribución al estudio de la prehistoria asturiana, contactando con el Conde de la Vega del Sella, con quien realiza “exploraciones de carácter prehistórico por el país”. Entre 1914 y 1919 descubre y excava la cueva de La Paloma (Las Regueras) y las cuevas de Ardines en Ribadesella; documenta junto con Vega del Sella el Ídolo de Peña Tú; y descubre, investiga y publica la caverna de la Peña de Candamo y su arte rupestre, en una monografía que sigue siendo fuente de conocimiento y ejemplo de publicación científica sobre arte rupestre paleolítico.

Fuera del ámbito asturiano, en 1914 estudia y publica junto a Juan Cabré el arte rupestre levantino del entorno de la Laguna de la Janda (Cádiz); en 1917 los grabados paleolíticos de la cueva de Penches (Burgos) y el arte esquemático de Alburquerque (Extremadura); en 1918 el arte rupestre esquemático y levantino de Morella la Vella (Castellón); en 1922 el arte rupestre levantino de Font Vilella en Tivissa (Tarragona) y el arte esquemático de Las Batuecas (Salamanca). En 1924 ve la luz su estudio del arte rupestre levantino de la cueva de La Araña (Bicorp, Valencia), titulado Las Pinturas Prehistóricas de la Cueva de La Araña (Valencia). Evolución del Arte Rupestre de Españaen el que expone y defiende su acertada visión sobre el arte rupestre levantino y su cronología. Si bien fue Juan Cabré en 1915 quien primero alude a la cronología postpaleolítica de este tipo de representaciones rupestres, el primer planteamiento metodológico y sistemático al respecto fue el desarrollado por Hernández-Pacheco en la obra aludida.

Eduardo Hernández-Pacheco, a la derecha, junto a Benítez Mellado, en la covacha de El Bullón (Serranía de Cuenca). © Francisco Hernández-Pacheco de la Cuesta. CSIC
Eduardo Hernández-Pacheco, a la derecha, junto a Benítez Mellado, en la covacha de El Bullón (Serranía de Cuenca). © Francisco Hernández-Pacheco de la Cuesta, CSIC

Tras la Guerra Civil española es importante su contribución, ya en la inmediata postguerra, a la fundación y primer desarrollo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, intentando revitalizar sus viejas experiencias en la Junta de Ampliación de Estudios; y también su participación en la puesta en marcha de su querida Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Tras una larga ancianidad, volvió a morir a su tierra extremeña, falleciendo en Alcuéscar, Cáceres, en el año 1965.

De Eduardo Hernández-Pacheco cabe destacar su sólida formación científica en diversos campos del saber y su intensa labor investigadora producto de una enorme capacidad de trabajo y movilidad, que le llevó continuamente al campo y a expediciones que abarcaron toda la Península, Las Canarias y el Norte de África. Su descomunal producción científica en diferentes ámbitos fue sintetizada por él mismo entre 1952 y 1959, con la publicación en la colección de memorias de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de sus obras El Solar en la Historia Hispana (1952), Fisiografía del Solar Hispano (2 volúmenes, en 1955  y 1956) y Prehistoria del Solar Hispano (1959).

BIBLIOGRAFIA DE EDUARDO HERNÁNDEZ-PACHECO Y ESTEVAN

  • Paleolítico y arte paleolítico

La Mandíbula Neandertaloide de Bañolas (en colaboración con Hugo Obermaier). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 6, Madrid, 1915.

Las Tierras Negras del Extremo Sur de España y sus Yacimientos Paleolíticos (en colaboración con Juan Dantín). J.A.E. Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Serie Geológica nº 13, Madrid,  1915.

Nomenclatura de Voces Técnicas e Instrumentos Típicos del Paleolítico. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 10, Madrid 1916.

Los Grabados de la Cueva de Penches. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 17, Madrid, 1917.

“Los caballos del cuaternario superior, según el arte paleolítico”. Revista de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, t. XVI, 2ª serie, artículo 24. Madrid, 1917.

La Caverna de la Peña de Candamo (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 24, Madrid, 1919.

La Vida de Nuestros Antecesores Paleolíticos según los Resultados de las Excavaciones en la Caverna de La Paloma (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 31 (serie prehistórica nº 26), Madrid, 1923.

“Características climatológicas y ambiente vital humano, en la península hispánica durante el pleistoceno”. Revista de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, t. XL, cuaderno 1º, artículo 2, Madrid, 1946.

Prehistoria del Solar Hispano. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Serie de Ciencias Naturales, t. XX, Madrid, 1959.

  • Arte postpaleolítico, esquemático y levantino. Megalitismo y Edad de los Metales

Las Pinturas Prehistóricas de Peña Tu (en colaboración con el Conde de la Vega del Sella). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 2, Madrid, 1914.

Avance al Estudio de las Pinturas Prehistóricas del Extremo Sur de España. Laguna de la Janda (en colaboración con Juan Cabré). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 3, Madrid, 1914.

Las Pinturas Prehistóricas de la Cueva de la Araña (Valencia). Evolución del Arte Rupestre en España. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 34 (serie prehistórica nº 28), Madrid, 1924.

  • Ciencias Naturales

Ensayo de Síntesis Geológica del Norte de la Península Ibérica. J.A.E. Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, nº 3, Madrid 1912.

Itinerario Geológico de Toledo a Urda. J.A.E. Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, nº 1, Madrid 1912.

“Un grupo nuevo de cerviconios miocenos”. Revista de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, t. XII, artículo 30. Madrid, 1913.

Geología y Paleontología del Mioceno de Palencia. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº5, Madrid, 1915.

La Llanura Manchega y sus Mamíferos Fósiles. Yacimiento de la Puebla de Almoradier. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 18 (serie paleontológica nº 4), Madrid, 1921.

Rasgos Fundamentales de la Construcción e Historia Geológica del Solar Ibérico. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Discurso de recepción y contestación a un nuevo académico. Madrid, 1922.

La montaña de Valencia. Bosquejo geológico del macizo de Caroche”. Revista de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, t. XXI, 6º de la 2ª serie, artículo 13. Madrid, 1923.

Los Cinco Ríos Principales de España y sus Terrazas. J.A.E. Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Serie Geológica nº 36, Madrid, 1928.

Fisiografía, Geología y Paleontología del Territorio de Valladolid. J.A.E. Comisión de Investigaciones, Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 37 (serie paleontológica nº 9), Madrid, 1930.

Síntesis Fisiográfica y Geológica de España. J.A.E. Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Serie Geológica nº 38, Madrid, 1934.

El Paisaje en General y las Características del Paisaje Hispano. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Discurso inaugural del curso académico. Madrid, 1934.

El Museo de Ciencias Naturales y sus Naturalistas en los Siglos XVIII y XIX. Instituto José Acosta, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1944.

El Solar en la Historia Hispana. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Memorias, Serie de Ciencias Naturales, t. XV, Madrid, 1952.

Fisiografía del Solar Hispano. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Vol. I, Memorias, Serie de Ciencias Naturales, t. XVI. Madrid, 1955. Vol. II. Memorias, Serie de Ciencias naturales, t. XVI. Madrid, 1956.

“En relación con las grandes erupciones volcánicas del siglo XVIII y 1824 en Lanzarote”. El Museo Canario. Homenaje a Simón Benítez Padilla, nº 21, pag. 73-74, Las Palmas de Gran Canaria, 1960.

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El Conde de la Vega del Sella (1870-1941)

“Sus cualidades (saber, humildad e hidalguía) le tuvieron siempre alejado de ese afán insano de figurar e intervenir en organizaciones científicas, lesionando intereses de otros o atropellando e invadiendo campos cuya actividad corresponde a profesionales, no obstante tener una formación rigurosa y nada común que hacían de él nuestra autoridad máxima en arqueología cuaternaria” (Julio Martínez Santa-Olalla, 1941)

Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella
Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella

RICARDO DUQUE DE ESTRADA Y MARTÍNEZ DE MORENTÍN, Conde de la Vega de Sella, fue uno de los principales impulsores del conocimiento de la Prehistoria asturiana y cantábrica, siendo el Paleolítico donde tuvo más peso su aportación científica.

Nacido en Pamplona y educado en Francia y en San Sebastián, se licenció en Derecho por la Universidad de Oviedo en 1892. Tras contraer matrimonio en 1897 se traslada a vivir a Nueva de Llanes, llegando a ocupar en 1909 la presidencia de la Diputación de Oviedo. Fallece en 1941, afectado por los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil Española y por la muerte de su hijo mayor a manos de las tropas republicanas.

Hombre sencillo a pesar de su origen noble, deja a un lado su carrera política para dedicarse a su vocación por la Prehistoria y la Arqueología. Muy importante en la orientación de su inquietud investigadora fue una estancia en Francia donde tuvo contacto con las colecciones paleolíticas reunidas en sus museos, colaborando con Cartailhac y con el Conde Begöuen en el estudio de los materiales recuperados en sus excavaciones arqueológicas.

Ya en España colabora con Hernández-Pacheco, con el que inicia una intensa actividad prospectora en el territorio asturiano, y acoge en su casa de Nueva, tras el estallido de la I Guerra Mundial, a los prehistoriadores Hugo Obermaier y Paul Wernert. En 1913 inicia sus actividades como colaborador de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, dependiente del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, dando pie al desarrollo de una intensa actividad arqueológica hasta 1934.

Practicó una arqueología impecable, estableciendo la secuencia del Paleolítico cantábrico sobre la base de un yacimiento principal, Cueto la Mina, que ofrecía el grueso de los horizontes culturales del Paleolítico Superior. También definió el Asturiense, no solo desde el punto de vista cultural, sinó también ambiental, estableciendo su cronología postpaleolítica. Asimismo realizó aportaciones a la paleoclimatología, basadas en sus observaciones geológicas y paleontológicas, efectuando las primeras consideraciones paleogeográficas de la zona litoral y costera, tratando las relaciones e implicaciones de tales fenómenos con los horizontes culturales prehistóricos.

Si bien el arte rupestre no fue un tema especialmente atendido por El Conde, participó junto con Eduardo Hernández-Pacheco en el descubrimiento de La Peña de Candamo; publicó una pormenorizada monografía sobre la cueva de El Buxu con Hugo Obermaier;  y junto a Benítez Mellado copió las representaciones artísticas de la cueva de El Castillo.

En relación con el arte rupestre, aportó algunas reflexiones que muchos años después se deben seguir teniendo en cuenta en el diagnóstico y estudio del arte paleolítico: el hallazgo de pinturas rupestres debajo de costras de carbonato cálcico en la cueva de La Peña, le permitió diagnosticar la antigüedad de las mismas, destacando que los dibujos habían quedado protegidos por la capa calcítica.

A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

De gran relevancia en su momento fueron las observaciones referidas a la cueva de La Loja, su arte rupestre y su yacimiento arqueológico, por cuanto notó que los investigadores que habían analizado sus representaciones gráficas habían hecho “…el estudio de los grabados sin conexión con el yacimiento“. El Conde intentó mostrar en este caso dos ideas:  por un lado la conveniencia de conocer las secuencias arqueológicas de las cuevas con arte; y por otro lado que “...es muy posible que el arte pictórico prehistórico haya tenido momentos de esplendor seguidos de otros de decaimiento, como sucede con la mayoría de las manifestaciones artísticas” (Vega del Sella, 1929) y por tanto, “no siempre lo que a nuestros ojos parece desproporcionado, defectuoso o alejado de cánones razonables, tiene necesariamente que pertenecer a las etapas más antiguas” (Rasilla, 1991).

De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

Su capacidad docente y de síntesis queda patente en su extensa producción bibliográfica, en su mayor parte editada por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, y en algunos casos costeada de su propio pecunio, constituyendo aproximadamente un tercio de las Memorias de dicha Comisión.

Tras su fallecimiento, Eduardo Hernández-Pacheco escribió un sentido artículo, en homenaje a su figura y labor como investigador, de la que afirma, “es una de las que dan prestigio a la ciencia hispana”.

BIBLIOGRAFÍA DEL CONDE DE LA VEGA DEL SELLA

  • Paleolítico y arte rupestre

La Cueva del Penicial. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 4, Madrid, 1914.

Nomenclatura de voces técnicas y de instrumentos típicos del Paleolítico (en colaboración con otros investigadores vinculados a la C.I.P.P.). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 10, Madrid, 1916.

Paleolítico de Cueto de la Mina (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 13, Madrid, 1916.

La Cueva de El Buxu (en colaboración con Hugo Obermaier). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 20, Madrid, 1918.

El Asturiense. Nueva industria preneolítica. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 32, Madrid, 1923.

“El diagnóstico de las pinturas rupestres”. En Memorias de la Real Sociedad de Historia Natural, II, p. 781-789, Madrid, 1929.

Las cuevas de La Riera y Balmori (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 38, Madrid, 1930.

  • Megalitismo y Edad de los Metales

Las Pinturas Prehistóricas de Peña Tu (en colaboración con Eduardo Hernández- Pacheco). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 2, Madrid, 1914.

El dolmen de la Capilla de Santa Cruz (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 22, Madrid, 1919.

  • Geología

Teoría del Glaciarismo Cuaternario por desplazamientos polares. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 35, Madrid, 1927.

Fuente: Marco de la Rasilla Vives. El Conde de la Vega del Sella y la Arqueología Prehistórica en Asturias (1870-1941). Catálogo de la Exposición. Principado de Asturias, Oviedo 1991.

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