“La situación actual es en buena medida el resultado de un pasado en el que las cuevas eran entendidas como algo inerte y conservador. Ahora se buscan respuestas a dos preguntas fundamentales: ¿qué está ocurriendo en el interior de las cuevas abiertas al gran público? y ¿qué se está haciendo en su espacio exterior mediato e inmediato?; la búsqueda de respuestas y la sensibilidad sobre los temas de conservación requieren un esfuerzo de coordinación y armonización ante los problemas de un sujeto pasivo común” (Mesa Redonda de Colombres, 1991)

Caballo del Talud de La Peña de Candamo © Javier Rodríguez Muñoz, Silverio Cañada Editores
Caballo del Talud de La Peña de Candamo ©
Javier Rodríguez Muñoz, Silverio Cañada Editores

TRAS LA CELEBRACIÓN DE LA MESA DE COLOMBRES sobre protección y conservación del arte rupestre paleolítico, en Asturias se adoptaron algunas medidas encaminadas a reducir el impacto que, sobre el estado de conservación del bien, producían diversos agentes externos. 

Además de los estudios ambientales llevados a cabo en la Peña de Candamo a lo largo del obligado cierre impuesto entre 1979 y 1994, estudios similares fueron llevados a cabo en 1996 en Tito Bustillo, orientados al establecimiento de un régimen de visitantes adecuado a las características de la cueva riosellana. Del mismo modo, en todas aquellas cuevas abiertas al público se procedió a la sustitución de los sistemas de iluminación, buscando nuevas opciones que permitiesen un menor impacto ambiental y redujesen la contaminación orgánica interior. En este sentido, se optó incluso por eliminar la iluminación artificial en los paneles decorados, que se muestran al público con la luz de linternas portátiles.

Por otro lado el Principado de Asturias, a través de la Consejería de Cultura, ha procurado dotar las cuevas con arte rupestre abiertas al público de personal guarda-guía solvente y preparado, valorando que la formación adecuada y la profesionalización de los responsables del cuidado y difusión de este patrimonio son pieza clave en la atención del bien.

Otras actuaciones recientes han sido el control, la revisión y renovación de los cierres de aquellas cuevas que no están abiertas al público, buscando una mayor eficacia en las medidas de seguridad, al tiempo que se instalaron paneles admonitorios con referencias a la legislación actual y su régimen sancionador, en caso de agresiones contra este frágil patrimonio.

Desde el punto de vista administrativo, la elaboración y declaración de los Entornos de Protección contemplados por la legislación vigente sobre el Patrimonio Cultural otorgan a las Administraciones competentes del instrumento jurídico necesario para el control de las actividades que en los espacios exteriores inmediatos a las cuevas con arte rupestre pudieran afectar la conservación del mismo.

En la actualidad, y a partir del estado actual de conocimiento sobre el funcionamiento de las cuevas como espacios naturales, se siguen revisando los sistemas de visita en las cuevas abiertas al público, buscando regímenes y condiciones de visita más racionales adaptados a la demanda real, a la capacidad de gestión y a las condiciones particulares de cada yacimiento.

No se renuncia sin embargo a desarrollar tareas de intervención directa: a este respecto, la actuación de mayor calado se ha llevado a cabo en la Peña de Candamo a lo largo de este último año. Las obras fueron financiadas mediante un programa estatal del Ministerio de Cultura, con partidas destinadas a intervenciones en bienes declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. En dichas labores se extrajeron veintidós toneladas de escombro y escorias contaminantes de relleno, dispuesto en la cueva desde los años cincuenta, limpiando la franja de suelo situada bajo el Muro de los Grabados; se sustituyeron las viejas barandillas de hierro y asideros del mismo material anclados a los muros para facilitar el tránsito por la cueva, y que se encontraban completamente oxidados; se quitaron fragmentos de estalagmitas que jalonaban el camino de acceso; se eliminaron las capas de cemento que cubrían los agujeros practicados para colocar los focos de luz halógena instalada en la cueva en los años cincuenta y se eliminaron los restos de las lucernas y cableado antiguo de esa instalación. Todas estas labores fueron supervisadas por los técnicos de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte.

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