Centenario del descubrimiento de la caverna de La Peña de Candamo

“Itinerario bien fácil es el que conduce desde la estación del ferrocarril a la cueva de La Peña. Síguese, primero, el camino que conduce al pueblo de San Román, y pasado este se asciende por un camino que entre castaños y huertos faldea el cerro. El sendero avanza a trechos en escalones pues así lo exigen la pendiente y lo fragoso del terreno, hasta la misma puerta de la caverna” (Eduardo Hernández-Pacheco, 1919).

EL DESCUBRIMIENTO y la identificación del arte paleolítico de la cueva de La Peña de Candamo tiene lugar en el año 1914. No obstante, la caverna de La Peña, según Eduardo Hernández-Pacheco, ya era conocida de los habitantes de San Román desde mediados del siglo XIX. Prueba de ese conocimiento previo son las citas de Guillermo Schulz, mediado el siglo XIX y la mención de Gabriel Puig y Larraz en su catálogo de cavernas y simas de España, publicado en 1896.

Vista de La Peña de Candamo y del pueblo de San Román, a principios del siglo XX. © Juan Cabré, CSIC
Vista de La Peña de Candamo y del pueblo de San Román, a principios del siglo XX. © Juan Cabré, CSIC

La primera vez que se ven las pinturas y se valora su posible edad prehistórica es en el verano del año 1913, cuando el profesor Francisco J. Garriga, en compañía de Jesús Rodríguez, sobrestante de Obras Públicas de Oviedo y de otros veraneantes, visita la cueva. De esta circunstancia da cuenta un año más tarde, en el verano de 1914, a Eduardo Hernández-Pacheco, en San Esteban de Pravia, en vísperas de su regreso a Madrid después de la campaña de excavaciones llevada a cabo en la cueva de La Paloma (Las Regueras). Inspeccionada la cueva, Hernández-Pacheco certifica su autenticidad: “comprobé la existencia de un gran lienzo de pared en el salón grande cubierto de numerosos grabados y pinturas, y la de un caballo, pintado en pardo oscuro, en sitio inmediato al que ocupan los grabados“.

Vista del interior de la cueva en 1917: a la izquierda, Eduardo Hernández-Pacheco; a la derecha, escalera colocada para subir al Camarín. © Juan Cabré, CSIC
Vista del interior de la cueva en 1917: a la izquierda, Eduardo Hernández-Pacheco; a la derecha, escalera colocada para subir al Camarín. © Juan Cabré, CSIC

Poco tiempo después, El Conde de la Vega del Sella escribe a Eduardo Hernández-Pacheco, haciéndole saber del hallazgo de una cueva cerca de Pravia, que resultó ser la misma caverna. El Conde, además, pudo certificar la autenticidad de las pinturas, al levantar una capa de costra caliza concreccionada bajo la cual se conservaban dos toros y diversos grupos de puntuaciones en negro. De dicha visita da cuenta Vega del Sella en un artículo aparecido en la revista La Esfera, en 1918, titulado “Los Primitivos Pobladores de Asturias”: “En un gran lienzo de pared, liso y vertical, aparecen un gran número de figuras sobrepuestas unas a otras, que se asemeja a un encerado en el que se dibujase sin haber borrado completamente las anteriores representaciones“. Por cierto, como en la misma publicación nos narra, Vega del Sella visitó La Peña acompañado del doctor H. Obermaier, investigador alemán a quién había acogido en su casa de Nueva de Llanes, después de que el estallido de la I Guerra Mundial le sorprendiese en Puente Viesgo, excavando, junto a su ayudante Paul Wernert, la cueva de El Castillo.

Calco de las figuras del Camarín, realizado por Benítez Mellado sobre dibujos previos de Juan Cabré © Benítez Mellado, CSIC
Calco de las figuras del Camarín, realizado por Benítez Mellado sobre dibujos previos de Juan Cabré © Benítez Mellado, CSIC

El comienzo de la investigación del arte de La Peña tiene lugar en octubre de 1914, cuando Hernández-Pacheco  y Juan Carandell, por aquel entonces ayudante de laboratorio de geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, efectúan una prospección detenida de la cueva, descubriendo nuevos conjuntos pintados y restos líticos, levantando un primer croquis topográfico y completando la realización de trabajos preliminares con nuevas fotografías y algunos calcos. La primera referencia publicada al arte paleolítico de La Peña aparece en el Boletín de noviembre de la Real Sociedad Española de Historia Natural, en un artículo titulado “Investigaciones prehistóricas en la caverna de La Peña de San Román de Candamo (Asturias)”.

Ya en 1915, visitando la cueva en compañía de Juan Cabré, dibujante, fotógrafo y comisario de exploraciones de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, “se encontraron encaramándonos por los revestimientos estalagmíticos, dos huecos cerca del techo del salón grande, en donde existían pintados en uno de ellos, que llamamos “El Camarín”, varios caballos, que son las más bellas pinturas de la caverna, y en otro hueco inmediato una pintura representando una cabra montés“.

Benítez Mellado, fotografiado en el entorno de La Peña de Candamo, en 1917.© Francisco Hérnández-Pacheco de la Cuesta, CSIC
Benítez Mellado, fotografiado en el entorno de La Peña de Candamo, en 1917.© Francisco Hérnández-Pacheco de la Cuesta, CSIC

Los trabajos de investigación que se sucedieron con posterioridad, y ya en compañía de Francisco Benítez Mellado, dibujante de la Comisión, o Paul Wernert, por aquel entonces ayudante de la Comisión, dieron como resultado una de las publicaciones más bellas, fundamentadas y documentadas que sobre arte rupestre paleolítico se han editado en España: la memoria nº 24 de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, publicada en 1919 y dedicada a la caverna de La Peña, firmada por Hernández-Pacheco con la colaboración de Juan Cabré y Francisco Benítez Mellado.

Desde Asturias se pondrá en marcha a lo largo del año 2014 una serie de actos conmemorativos del descubrimiento, cuya sede principal será el Centro de Interpretación de la Caverna de La Peña de Candamo, en San Román, contando como ubicaciones complementarias de los actos el Parque de la Prehistoria de Teverga y el Museo Arqueológico de Asturias:

  • Una exposición bajo el título 100 años de la Caverna de Candamo servirá de eje vertebrador de todos los actos. Esta muestra está subdividida en tres secciones que serán itinerantes, por rotación, entre las tres sedes:
  1. El Arte de la Frontera, se inaugurará en abril, y sus contenidos versarán sobre el arte prehistórico, con un desarrollo específico de los yacimientos rupestres de la cuenca media del Nalón. La exposición contará con el apoyo de visitas guiadas, ciclos de conferencias y encuentros-coloquio con los especialistas que participan en el montaje.
  2. La Caverna de La Peña, se inaugurará en mayo en el Museo Arqueológico de Asturias, y su contenido estará centrado en la historia de la caverna durante estos cien años, contando con los mismos apoyos que la anterior, así como visitas temáticas a la exposición permanente del Museo.
  3. El Artista de Candamo se inaugurará en junio en el Parque de la Prehistoria de Teverga, y su contenido se centrará en las diferentes visiones aportadas por los artistas contemporáneos del arte prehistórico y en particular del arte de la caverna de Candamo. Tendrá los mismos recursos que las otras muestras y se le sumarán visitas temáticas a la Cueva de Cuevas.
  • Del 3 al 5 de julio se celebrará el congreso internacional “Cien años de arte rupestre paleolítico. Centenario del descubrimiento de la cueva de La Peña de Candamo”, coordinado por la Universidad de Salamanca y la UNED.
  • Estas actividades se ampliarán con otros actos, como el montaje de una exposición filatélica sobre el Arte prehistórico en el mundo del sello, con sede en el Centro de Interpretación de la Caverna; emisión de sello, matasellos y sobre del centenario de la Caverna de Candamo; una programación de talleres temáticos orientados al público familiar cuyo hilo conductor serán los hábitos y costumbres en la Prehistoria; y el estreno de la obra musical “Paisaje Cuaternario”, compuesta por Jorge Méndez, en homenaje a Candamo y a la Caverna de La Peña. Además, durante los días 9, 10 y 11 de agosto tendrán lugar las “Lecciones Magistrales” ofrecidas por profesores de prestigio internacional en el ámbito del arte paleolítico.
  • Finalmente, en la última semana de agosto tendrá lugar un encuentro internacional con especialistas que visitarán Candamo con motivo de la excursión precongreso de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP).
Dibujo de Francisco Benítez Mellado para una guía de La Peña de Candamo publicada en 1929
Dibujo de Francisco Benítez Mellado para una guía de La Peña de Candamo publicada en 1929

Los actos conmemorativos servirán para acercar este excepcional patrimonio a la sociedad; para recordar la talla intelectual y científica de aquellos pioneros en el estudio y la documentación del arte rupestre; para conocer nuevas propuestas y nuevos hallazgos; para analizar y debatir aspectos de gestión y conservación que eviten los males que por desgracia han dejado huella indeleble sobre las paredes y el arte de la cueva. Pero sobre todo, para reconocer la relevancia de La Peña y de su arte, según Hernández-Pacheco “una de las más importantes de España por los numerosos grabados que encierra de la época magdaleniense, juntamente con no pocas pinturas también de los tiempos del Paleolítico superior; y una de las de más difícil estudio, para descifrar la maraña de figuras que entrecruzadas y superpuestas, llenan el espacioso muro donde nuestros ancestrales de la edad de piedra las grabaron“.

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Proyecto de restauración de calcos de arte rupestre

“Creemos que en la copia de las pinturas rupestres debe procederse con la mayor circunspección y que vale más dejar sin interpretar lo borroso y confuso, copiando sinceramente lo que se ve” (Eduardo Hernández-Pacheco, 1924)

Calco de Benítez Mellado del mamut de El Pindal. © Francisco Hernández-Pacheco. CSIC
Calco de Benítez Mellado del mamut de El Pindal. © Francisco Hernández-Pacheco. CSIC

EL MUSEO NACIONAL DE CIENCIAS NATURALES DE MADRID ha elaborado un proyecto para la restauración y recuperación de su colección de calcos, láminas y preparaciones de imprenta con reproducciones de arte rupestre. Se trata de alrededor de 2200 documentos producidos por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas entre 1912 y 1939.

Muchos de ellos fueron realizados in situ por dibujantes como Francisco Benítez Mellado o Juan Cabré Aguiló, auténticos pioneros en la actividad de la reproducción y estudio del arte rupestre prehistórico. Los soportes conservados sobre los que trabajaron suelen ser papel vegetal o papel de gramaje grueso para las láminas, y las técnicas empleadas son calco a grafito y dibujo a sanguina, carboncillo y aguada. Además de ilustrar muchas de las memorias publicadas por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, estos trabajos formaron parte de la Exposición de Arte Prehistórico Español celebrada en 1921 en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Son varios los aspectos que caracterizan a esta primera generación de dibujantes de arte rupestre: contaban con una inicial formación artística, pero fueron autodidactas en el campo de la reproducción de arte prehistórico, conjugando su talento natural para el dibujo con grandes dosis de decisión a la hora de emprender lo que en aquel momento era una novedosa actividad de documentación. En el caso de Cabré, no solo ejerció de dibujante sino que desarrolló una incipiente vocación como prehistoriador, siendo autor en 1915 de la primera de las memorias publicadas por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, titulada El Arte Rupestre en España (regiones septentrional y oriental).

A la izquierda, Juan Cabré. A la derecha, Francisco Benítez Mellado
A la izquierda, Juan Cabré. A la derecha, Francisco Benítez Mellado

Por contra, la labor de Francisco Benítez Mellado se limitó a sus tareas de dibujante, siendo ingente su labor de reproducción, que en ocasiones no ha sido suficientemente valorada. Bajo la supervisión de Hernández-Pacheco participó, al igual que Cabré, en la elaboración de los calcos de la cueva de la Peña de Candamo y también elaboró la conocida reproducción del caballo pintado de la cueva de San Antonio (Ribadesella). Destaca en la obra de Benítez Mellado su gusto por el color y la policromía, y un afán de reproducción realista que le llevó a tratar de plasmar el arte rupestre tal y como se veía con las paredes humedecidas, para que resultaran copias fieles y exactas del original. Buena prueba de ello son algunas de las reproducciones que Benítez Mellado realizó, sobre calcos de Juan Cabré, de algunas de las muestras de arte rupestre paleolítico de Asturias, especialmente La Peña de Candamo o El Pindal, y que hoy día se pueden ver en el Museo Arqueológico de Asturias.

Calcos de Benítez Mellado de cuevas asturianas, expuestos en el Museo Arqueológico de Asturias. © Ménsula Ediciones
Calcos de Benítez Mellado de cuevas asturianas, expuestos en el Museo Arqueológico de Asturias. © Ménsula Ediciones

La diferencia fundamental entre ambos autores era que Juan Cabré fue más dado a la interpretación y reconstrucción, algo que iba en contra del criterio general de la Comisión. Tal y como en su momento afirmó Eduardo Hernández-Pacheco, “hemos preferido copiar lo existente a caer en una interpretación que, con la mayor buena fe, pudiera ser errónea”. Esta circunstancia provocó que en varias ocasiones, Benítez Mellado, a las órdenes de Hernández-Pacheco, volviera a copiar cientos de conjuntos que habían sido objeto de reconstrucciones.

El calco fue el método de trabajo preferido por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Además de la diversidad de soportes utilizados, los originales del Museo de Ciencias Naturales apuntan a una clara política de reutilización, haciendo uso en ocasiones de ambos lados del papel o recortando las hojas siguiendo el perfil de los motivos.

Benitez Mellado trabajando en un abrigo levantino. © Francisco Hernández-Pacheco, CSIC
Benitez Mellado trabajando en un abrigo levantino. © Francisco Hernández-Pacheco, CSIC

El proyecto que ahora pone en marcha el CSIC se ha propuesto la restauración de aquellos documentos que están en peor estado de conservación, la reinstalación en soportes adecuados de los que lo precisen y la digitalización de la colección completa. El objetivo es preservar y difundir esta documentación histórica en el Catálogo de Archivos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en páginas web o exposiciones

Lo novedoso de la propuesta es que para financiar el proyecto se pone en marcha un sistema de micropatrocinio en colaboración con la Sociedad de Amigos del Museo. Quienes estén interesados en colaborar en este proyecto de conservación y difusión de patrimonio cultural podrán realizar sus aportaciones desde un mínimo de cinco euros, si son particulares, y a partir de 250 euros si se trata de instituciones o empresas privadas. Las donaciones a partir de 50 euros recibirán el catálogo que se elaborará al final del proyecto. Además, Las instituciones o particulares que colaboren con el proyecto participando en su financiación, dispondrán de la reproducción digital de los documentos que sean de su interés y de la cesión de los derechos de uso para actividades culturales específicas, siempre que sean sin ánimo de lucro. También tendrán acceso al programa específico para patrocinadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que permite a las instituciones implicadas aumentar su visibilidad a través de actividades de relaciones públicas (visitas privadas, recepciones, disposición de espacios), comunicación y prensa (puesta en valor de la imagen pública de la institución, publicidad, mención de los patrocinadores en publicaciones), exposiciones (inauguraciones privadas, invitaciones, emisiones particulares de catálogos) y demás iniciativas que puedan surgir de la colaboración.

Fuentes:

Mª Dolores Moneva Montero: “Primeros sistemas de reproducción de arte rupestre en España” en Espacio, Tiempo y Forma, serie I, Prehistoria y Arqueología, t. 6, pag. 413-442, 1993.

Margarita Díaz-Andreu: “Memoria y olvido en la historia de la Arqueología: recuperando la figura de Francisco Benítez Mellado (1883-1962), el gran ilustrador arqueológico”, en Pyrenae, nº 43, vol. II, pag. 109-131, 2012.

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El Conde de la Vega del Sella (1870-1941)

“Sus cualidades (saber, humildad e hidalguía) le tuvieron siempre alejado de ese afán insano de figurar e intervenir en organizaciones científicas, lesionando intereses de otros o atropellando e invadiendo campos cuya actividad corresponde a profesionales, no obstante tener una formación rigurosa y nada común que hacían de él nuestra autoridad máxima en arqueología cuaternaria” (Julio Martínez Santa-Olalla, 1941)

Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella
Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella

RICARDO DUQUE DE ESTRADA Y MARTÍNEZ DE MORENTÍN, Conde de la Vega de Sella, fue uno de los principales impulsores del conocimiento de la Prehistoria asturiana y cantábrica, siendo el Paleolítico donde tuvo más peso su aportación científica.

Nacido en Pamplona y educado en Francia y en San Sebastián, se licenció en Derecho por la Universidad de Oviedo en 1892. Tras contraer matrimonio en 1897 se traslada a vivir a Nueva de Llanes, llegando a ocupar en 1909 la presidencia de la Diputación de Oviedo. Fallece en 1941, afectado por los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil Española y por la muerte de su hijo mayor a manos de las tropas republicanas.

Hombre sencillo a pesar de su origen noble, deja a un lado su carrera política para dedicarse a su vocación por la Prehistoria y la Arqueología. Muy importante en la orientación de su inquietud investigadora fue una estancia en Francia donde tuvo contacto con las colecciones paleolíticas reunidas en sus museos, colaborando con Cartailhac y con el Conde Begöuen en el estudio de los materiales recuperados en sus excavaciones arqueológicas.

Ya en España colabora con Hernández-Pacheco, con el que inicia una intensa actividad prospectora en el territorio asturiano, y acoge en su casa de Nueva, tras el estallido de la I Guerra Mundial, a los prehistoriadores Hugo Obermaier y Paul Wernert. En 1913 inicia sus actividades como colaborador de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, dependiente del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, dando pie al desarrollo de una intensa actividad arqueológica hasta 1934.

Practicó una arqueología impecable, estableciendo la secuencia del Paleolítico cantábrico sobre la base de un yacimiento principal, Cueto la Mina, que ofrecía el grueso de los horizontes culturales del Paleolítico Superior. También definió el Asturiense, no solo desde el punto de vista cultural, sinó también ambiental, estableciendo su cronología postpaleolítica. Asimismo realizó aportaciones a la paleoclimatología, basadas en sus observaciones geológicas y paleontológicas, efectuando las primeras consideraciones paleogeográficas de la zona litoral y costera, tratando las relaciones e implicaciones de tales fenómenos con los horizontes culturales prehistóricos.

Si bien el arte rupestre no fue un tema especialmente atendido por El Conde, participó junto con Eduardo Hernández-Pacheco en el descubrimiento de La Peña de Candamo; publicó una pormenorizada monografía sobre la cueva de El Buxu con Hugo Obermaier;  y junto a Benítez Mellado copió las representaciones artísticas de la cueva de El Castillo.

En relación con el arte rupestre, aportó algunas reflexiones que muchos años después se deben seguir teniendo en cuenta en el diagnóstico y estudio del arte paleolítico: el hallazgo de pinturas rupestres debajo de costras de carbonato cálcico en la cueva de La Peña, le permitió diagnosticar la antigüedad de las mismas, destacando que los dibujos habían quedado protegidos por la capa calcítica.

A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

De gran relevancia en su momento fueron las observaciones referidas a la cueva de La Loja, su arte rupestre y su yacimiento arqueológico, por cuanto notó que los investigadores que habían analizado sus representaciones gráficas habían hecho “…el estudio de los grabados sin conexión con el yacimiento“. El Conde intentó mostrar en este caso dos ideas:  por un lado la conveniencia de conocer las secuencias arqueológicas de las cuevas con arte; y por otro lado que “...es muy posible que el arte pictórico prehistórico haya tenido momentos de esplendor seguidos de otros de decaimiento, como sucede con la mayoría de las manifestaciones artísticas” (Vega del Sella, 1929) y por tanto, “no siempre lo que a nuestros ojos parece desproporcionado, defectuoso o alejado de cánones razonables, tiene necesariamente que pertenecer a las etapas más antiguas” (Rasilla, 1991).

De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

Su capacidad docente y de síntesis queda patente en su extensa producción bibliográfica, en su mayor parte editada por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, y en algunos casos costeada de su propio pecunio, constituyendo aproximadamente un tercio de las Memorias de dicha Comisión.

Tras su fallecimiento, Eduardo Hernández-Pacheco escribió un sentido artículo, en homenaje a su figura y labor como investigador, de la que afirma, “es una de las que dan prestigio a la ciencia hispana”.

BIBLIOGRAFÍA DEL CONDE DE LA VEGA DEL SELLA

  • Paleolítico y arte rupestre

La Cueva del Penicial. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 4, Madrid, 1914.

Nomenclatura de voces técnicas y de instrumentos típicos del Paleolítico (en colaboración con otros investigadores vinculados a la C.I.P.P.). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 10, Madrid, 1916.

Paleolítico de Cueto de la Mina (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 13, Madrid, 1916.

La Cueva de El Buxu (en colaboración con Hugo Obermaier). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 20, Madrid, 1918.

El Asturiense. Nueva industria preneolítica. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 32, Madrid, 1923.

“El diagnóstico de las pinturas rupestres”. En Memorias de la Real Sociedad de Historia Natural, II, p. 781-789, Madrid, 1929.

Las cuevas de La Riera y Balmori (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 38, Madrid, 1930.

  • Megalitismo y Edad de los Metales

Las Pinturas Prehistóricas de Peña Tu (en colaboración con Eduardo Hernández- Pacheco). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 2, Madrid, 1914.

El dolmen de la Capilla de Santa Cruz (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 22, Madrid, 1919.

  • Geología

Teoría del Glaciarismo Cuaternario por desplazamientos polares. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 35, Madrid, 1927.

Fuente: Marco de la Rasilla Vives. El Conde de la Vega del Sella y la Arqueología Prehistórica en Asturias (1870-1941). Catálogo de la Exposición. Principado de Asturias, Oviedo 1991.

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