Hermilio Alcalde del Río (1866-1947)

“La noticia del fallecimiento de mi buen y fiel amigo acaba de llegarme, y me llena de tristeza por la larga amistad y tantos felices recuerdos de excursiones y buen trabajo entre ambos. Tuvimos juntos, entre 1906 y hasta 1914, unas largas temporadas de colaboración, de las mejores de nuestras vidas, que las lastimosas guerras han estropeado” (Henri Breuil, 1947).

Hermilio Alcalde del Río
Hermilio Alcalde del Río

NACIDO EN LA LOCALIDAD DE VILLAMEDIANA (Palencia), se traslada junto a su madre a Torrelavega tras el temprano fallecimiento de su padre. Será en esta localidad donde lleve a cabo sus estudios de Enseñanza Media, desplazándose con posterioridad a Madrid para cursar estudios de Arte en la Escuela Especial de Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura, que concluirá en 1891. De regreso a Torrelavega, con ayuda de la Asociación para el Fomento e Instrucción de Clases Particulares, funda la Escuela de Artes y Oficios, destinada a la preparación de obreros y artesanos, institución modelo que regentó hasta sus últimos días y que a base de esfuerzo y tesón convertirá en un referente nacional entre los centros educativos y formativos del país.

Su primer contacto con el arte rupestre paleolítico se produce con motivo de la visita que en 1902 realizan Henri Breuil y Émile Cartailhac a la cueva de Altamira, comisionados por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia. Después de aquella visita, y una vez finalizada la campaña de ambos investigadores tras un mes de trabajo, Hermilio Alcalde del Río acometió por su cuenta el estudio y la investigación de Altamira. Si bien carecía de preparación arqueológica, se dedicó con empeño a explorar hasta los últimos rincones de la cueva. Hombre de constitución ligera y ágil, pequeño y delgado, lo que favoreció sus desplazamientos subterráneos, realiza en aquellos meses una extraordinaria copia al pastel de las pinturas y grabados, que fueron situadas por Alcalde del Río en su exacta posición para reconstruir el panel tal y como se encontraba en el techo de la cueva.

Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río
Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río

A la vista de los descubrimientos de arte rupestre paleolítico que se estaban sucediendo en Francia, Hermilio Alcalde del Río consideró que Altamira no debía ser un caso aislado en la región, por lo que a partir de 1903 inicia una intensa tarea de prospección por toda la comarca, con la colaboración en ocasiones del padre paúl Lorenzo Sierra, que le lleva a una frenética carrera de nuevos hallazgos de cuevas con arte rupestre en el territorio de Cantabria: en 1903 descubre Covalanas y La Haza junto a Lorenzo Sierra; poco más tarde y ese mismo año, identifica el arte rupestre de El Castillo y de Hornos de la Peña. En 1905 Santián; en 1906, en compañía de Breuil, La Clotilde; en 1907 El Pendo y La Meaza; en 1909 Las Aguas y en 1911 la llamada galería C de La Pasiega, cueva descubierta por Obermaier en el transcurso de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal
Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal

Pero la labor prospectora de Hermilio Alcalde del Río no se limitó al territorio administrativo de Cantabria; será el responsable de la identificación del arte rupestre en Asturias, con el descubrimiento en 1908 de las pinturas y grabados de El Pindal, Quintanal y Mazaculos; ese mismo año, junto a Henri Breuil y Louis Mengaud, La Loja; y años más tarde, en 1912, San Antonio, a orillas del Sella, cueva que también será visitada ese año por Hernández-Pacheco, y un año más tarde por Henri Breuil.

De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río
De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río

Sus primeras publicaciones referidas al arte rupestre se inician en el año 1902, en una serie de artículos que fueron publicados en el diario El Liberal Montañes. En 1906 publica Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas, obra de mérito que contribuyó al reconocimiento de investigadores como Breuil, Martel o Cartailhac, y en la que según el abate Breuil “se exponían nuevos e importantes descubrimientos hechos en las cavernas de Covalanas, Hornos de la Peña o El Castillo”. Si bien el abate Breuil realiza una pequeña crítica sobre sus calcos, Hermilio Alcalde del Río, lejos de aceptarla, la va a rebatir, argumentando que su pericia en la realización de los mismos supera la de Breuil “por su magisterio artístico y sus años de docencia”. La publicación de su estudio sobre las cuevas descubiertas hasta ese momento y sus insistentes cartas al prehistoriador francés acabarán fructificando en una estrecha colaboración entre ambos, a partir de la visita de Breuil a Cantabria en 1906.

El mérito de sus investigaciones y publicaciones y el reconocimiento de aquellos investigadores le permitirán recibir el patrocinio del príncipe Alberto de Mónaco; en 1906 Alcalde del Río firma un contrato con el mandatario monaguesco para fomentar el estudio de la Prehistoria en la región cantábrica, comprometiéndose a la publicación de los descubrimientos efectuados en territorio español. Alcalde del Río cederá los derechos de publicación al Príncipe Alberto, reservándose este la titularidad sobre los dibujos y publicaciones de la obra. Años más tarde, en 1909, con motivo de la presencia de Alberto de Mónaco en Santander, se firma un segundo contrato, que incluirá a Lorenzo Sierra, por el que sufragarían las excavaciones en las cuevas de El Valle, Venta la Perra, Hornos de la Peña y El Castillo, reservándose el príncipe la propiedad de los objetos prehistóricos, que habrían de ser depositados en el Museo Público Español de la provincia de Santander. Después de las visitas del príncipe Alberto a las cuevas cántabras, surge la propuesta de la creación del Instituto de Paleontología Humana de París, gran actor de la investigación prehistórica internacional y cuyas principales actuaciones tuvieron como campo de estudio las cuevas cántabras. Hermilio Alcalde del Río colaborará con el Instituto, a pesar de sus diferencias con Hugo Obermaier, prehistoriador responsable de la excavación de la cueva de El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.
Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.

De resultas de la colaboración de Alcalde del Río con la institución francesa, en 1911 ve la luz la edición de Les Cavernes de la Région Cantabrique, obra cumbre de la prehistoria mundial. En sus 247 páginas, 258 reproducciones y 100 planchas, Alcalde del Río, Henri Breuil y Lorenzo Sierra sintetizan el estudio de las principales cavernas conocidas en la región, incluidas las asturianas Pindal, Mazaculos, Quintanal y la Loja. Esta obra, recientemente reeditada en colaboración con las administraciones autonómicas de Cantabria y Asturias, surge en un ambiente de incipiente actividad científica, donde destaca la figura de Alcalde del Río, ofreciendo por vez primera y con carácter monográfico el estudio de diversas cavidades con arte parietal, en un detallado registro documental de las figuras conservadas.

Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique
Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique

El estallido de la I Guerra Mundial pondrá fin a las actividades del Instituto de Paleontología Humana y a la colaboración de Alcalde del Río con sus investigadores. Si bien continuará manteniendo relación epistolar con Cartailhac y con Henri Breuil, se alejará paulatinamente de la investigación arqueológica, dedicándose por entero a la dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, llevando a cabo además estudios de carácter etnográfico por el territorio cántabro. Entre 1920 y 1922 es elegido alcalde de Torrelavega.

Fallece en 1947, tras lo cual, el abate Henri Breuil envía una sentida carta a su viuda e hijas: la cita del encabezamiento pone de manifiesto hasta que punto las convulsiones de la primera mitad del siglo XX alteraron sus propuestas de estudio e investigación conjunta: “tuve mucha alegría de encontrarle, la última vez en 1932, ya viejecito pero siempre con el mismo entusiasmo y el mismo corazón amistoso. Después de la última guerra, nos hemos escrito cariñosamente varias veces…”

Hombre discreto, “tan sabio como modesto”, su figura y obra es clave en los inicios de las investigaciones sobre arte rupestre tanto en Cantabria como en Asturias.

Fuentes:

MADARIAGA DE LA CAMPA, Benito. Hermilio Alcalde del Río. 1866-1947. Biografía de un prehistoriador de Cantabria. Ayuntamiento de Puente Viesgo, Obra Social de Caja Cantabria, Puente Viesgo, 2003.

FERNÁNDEZ VEGA, Pedro A.; GARCÍA DÍEZ, Marcos; HUREL, Arnaud. Las Cavernas de la Región Cantábrica (Cantabria, España). Centenario de las Excavaciones de El Castillo y de la fundación del Instituto de Paleontología Humana (París) – Fundación S.A.S. Alberto I de Mónaco.  Gobierno de Cantabria. Imprenta Quinzaños, Santander 2010.

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El Conde de la Vega del Sella (1870-1941)

“Sus cualidades (saber, humildad e hidalguía) le tuvieron siempre alejado de ese afán insano de figurar e intervenir en organizaciones científicas, lesionando intereses de otros o atropellando e invadiendo campos cuya actividad corresponde a profesionales, no obstante tener una formación rigurosa y nada común que hacían de él nuestra autoridad máxima en arqueología cuaternaria” (Julio Martínez Santa-Olalla, 1941)

Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella
Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella

RICARDO DUQUE DE ESTRADA Y MARTÍNEZ DE MORENTÍN, Conde de la Vega de Sella, fue uno de los principales impulsores del conocimiento de la Prehistoria asturiana y cantábrica, siendo el Paleolítico donde tuvo más peso su aportación científica.

Nacido en Pamplona y educado en Francia y en San Sebastián, se licenció en Derecho por la Universidad de Oviedo en 1892. Tras contraer matrimonio en 1897 se traslada a vivir a Nueva de Llanes, llegando a ocupar en 1909 la presidencia de la Diputación de Oviedo. Fallece en 1941, afectado por los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil Española y por la muerte de su hijo mayor a manos de las tropas republicanas.

Hombre sencillo a pesar de su origen noble, deja a un lado su carrera política para dedicarse a su vocación por la Prehistoria y la Arqueología. Muy importante en la orientación de su inquietud investigadora fue una estancia en Francia donde tuvo contacto con las colecciones paleolíticas reunidas en sus museos, colaborando con Cartailhac y con el Conde Begöuen en el estudio de los materiales recuperados en sus excavaciones arqueológicas.

Ya en España colabora con Hernández-Pacheco, con el que inicia una intensa actividad prospectora en el territorio asturiano, y acoge en su casa de Nueva, tras el estallido de la I Guerra Mundial, a los prehistoriadores Hugo Obermaier y Paul Wernert. En 1913 inicia sus actividades como colaborador de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, dependiente del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, dando pie al desarrollo de una intensa actividad arqueológica hasta 1934.

Practicó una arqueología impecable, estableciendo la secuencia del Paleolítico cantábrico sobre la base de un yacimiento principal, Cueto la Mina, que ofrecía el grueso de los horizontes culturales del Paleolítico Superior. También definió el Asturiense, no solo desde el punto de vista cultural, sinó también ambiental, estableciendo su cronología postpaleolítica. Asimismo realizó aportaciones a la paleoclimatología, basadas en sus observaciones geológicas y paleontológicas, efectuando las primeras consideraciones paleogeográficas de la zona litoral y costera, tratando las relaciones e implicaciones de tales fenómenos con los horizontes culturales prehistóricos.

Si bien el arte rupestre no fue un tema especialmente atendido por El Conde, participó junto con Eduardo Hernández-Pacheco en el descubrimiento de La Peña de Candamo; publicó una pormenorizada monografía sobre la cueva de El Buxu con Hugo Obermaier;  y junto a Benítez Mellado copió las representaciones artísticas de la cueva de El Castillo.

En relación con el arte rupestre, aportó algunas reflexiones que muchos años después se deben seguir teniendo en cuenta en el diagnóstico y estudio del arte paleolítico: el hallazgo de pinturas rupestres debajo de costras de carbonato cálcico en la cueva de La Peña, le permitió diagnosticar la antigüedad de las mismas, destacando que los dibujos habían quedado protegidos por la capa calcítica.

A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
A la derecha, Vega del Sella acompañado de Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

De gran relevancia en su momento fueron las observaciones referidas a la cueva de La Loja, su arte rupestre y su yacimiento arqueológico, por cuanto notó que los investigadores que habían analizado sus representaciones gráficas habían hecho “…el estudio de los grabados sin conexión con el yacimiento“. El Conde intentó mostrar en este caso dos ideas:  por un lado la conveniencia de conocer las secuencias arqueológicas de las cuevas con arte; y por otro lado que “...es muy posible que el arte pictórico prehistórico haya tenido momentos de esplendor seguidos de otros de decaimiento, como sucede con la mayoría de las manifestaciones artísticas” (Vega del Sella, 1929) y por tanto, “no siempre lo que a nuestros ojos parece desproporcionado, defectuoso o alejado de cánones razonables, tiene necesariamente que pertenecer a las etapas más antiguas” (Rasilla, 1991).

De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft
De izquierda a derecha, el Conde de la Vega del Sella, Henri Breuil, el Conde Begöuen y Hugo Obermaier. © Hugo Obermaier-Gesellschaft

Su capacidad docente y de síntesis queda patente en su extensa producción bibliográfica, en su mayor parte editada por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, y en algunos casos costeada de su propio pecunio, constituyendo aproximadamente un tercio de las Memorias de dicha Comisión.

Tras su fallecimiento, Eduardo Hernández-Pacheco escribió un sentido artículo, en homenaje a su figura y labor como investigador, de la que afirma, “es una de las que dan prestigio a la ciencia hispana”.

BIBLIOGRAFÍA DEL CONDE DE LA VEGA DEL SELLA

  • Paleolítico y arte rupestre

La Cueva del Penicial. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 4, Madrid, 1914.

Nomenclatura de voces técnicas y de instrumentos típicos del Paleolítico (en colaboración con otros investigadores vinculados a la C.I.P.P.). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 10, Madrid, 1916.

Paleolítico de Cueto de la Mina (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 13, Madrid, 1916.

La Cueva de El Buxu (en colaboración con Hugo Obermaier). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 20, Madrid, 1918.

El Asturiense. Nueva industria preneolítica. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 32, Madrid, 1923.

“El diagnóstico de las pinturas rupestres”. En Memorias de la Real Sociedad de Historia Natural, II, p. 781-789, Madrid, 1929.

Las cuevas de La Riera y Balmori (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 38, Madrid, 1930.

  • Megalitismo y Edad de los Metales

Las Pinturas Prehistóricas de Peña Tu (en colaboración con Eduardo Hernández- Pacheco). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 2, Madrid, 1914.

El dolmen de la Capilla de Santa Cruz (Asturias). J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 22, Madrid, 1919.

  • Geología

Teoría del Glaciarismo Cuaternario por desplazamientos polares. J.A.E. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Memoria nº 35, Madrid, 1927.

Fuente: Marco de la Rasilla Vives. El Conde de la Vega del Sella y la Arqueología Prehistórica en Asturias (1870-1941). Catálogo de la Exposición. Principado de Asturias, Oviedo 1991.

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