A propósito de dos fotografías en la cueva de El Pindal pertenecientes al archivo de Juan Cabré

“A lo largo de más de un siglo son miles las personas que se han fotografiado frente a la entrada de la cueva de El Pindal. La rotundidad del paisaje anima a dejar constancia, a visitantes anónimos o ilustres, de su paso por un enclave singular.”

 

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EN LA ACTUALIDAD muchas de esas imágenes son difundidas y compartidas casi de inmediato a través de Internet. En el pasado, bastantes de ellas se quedaron en la intimidad de los álbumes familiares, permaneciendo en el anonimato. Otras, sin embargo, son conocidas dado que pasaron a formar parte de archivos y fondos gráficos públicos, cuya consulta nos sirve como fuente de estudio historiográfico: el análisis del relato mismo de la historia, el arte de escribirla y el estudio científico de sus fuentes, productos y autores.

Cueva de El Pindal: Encarnación Cabré junto a otras dos personas
Figura 1. Retrato de Encarnación Cabré en la cueva de El Pindal durante un viaje de prospección de pinturas rupestres en 1933. Fondo gráfico de Juan Cabré, nº de inventario 1906. Fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

En esta ocasión traemos a colación el examen de dos fotografías inéditas pertenecientes al fondo gráfico de uno de esos autores: Juan Cabré (Calaceite, Teruel 1882 – Madrid 1947). El turolense fue uno de los primeros estudiosos españoles dedicado a la investigación del arte rupestre. Desde 1903, cuando se inicia su actividad arqueológica, se calcula que descubrió y estudió cerca de un centenar de sitios con arte rupestre, paleolítico y pospaleolítico. Primero como ayudante del Instituto de Paleontología Humana de París, colaborando con el abate Breuil. Más tarde como dibujante de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, en estrecho contacto con Eduardo Hernández-Pacheco o El Conde de la Vega del Sella. Hasta su muerte estuvo vinculado a importantes instituciones arqueológicas españolas: el Instituto Diego Velázquez, el Museo Cerralbo o el Museo Arqueológico Nacional. De todos sus trabajos redactó notas de campo, hizo dibujos o tomó fotografías. Su actividad como fotógrafo es tan importante que se considera a Cabré pionero en España del uso de la fotografía como documento arqueológico, llegando a conformar una colección de más de cinco mil negativos en placas de vidrio y de nitrato de celulosa, con un contenido puramente arqueológico. Dicha colección, de la que proceden ambas fotografías, fue cedida al Estado, y se encuentra digitalizada en el archivo del Instituto de Patrimonio Cultural de España.

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Las fotografías están consignadas en el inventario con los números CABRE-1906 y CABRE-1895 (figuras 1 y 2), y en la documentación asociada se indica que son dos retratos de su hija, Encarnación Cabré, y de Hermilio Alcalde del Río, descubridor del arte de la cueva de El Pindal (a quien reconoceríamos en el personaje con gabardina). Junto a ellos aparece una tercera persona que viste con pajarita y que no es identificado en las anotaciones del archivo. Las fotografías se habrían tomado en 1933 “durante un viaje de prospección de pinturas rupestres de la cornisa cantábrica”. Sin embargo, a partir del estudio historiográfico de la actividad arqueológica en Asturias en el primer tercio del siglo XX, hemos llegado a la conclusión de que el personaje de la gabardina no es Hermilio Alcalde del Río.

Cueva de El Pindal: retrato de Encarnación Cabré junto a otros dos personajes.
Figura 2. Retrato de Encarnación Cabré en la cueva de El Pindal durante un viaje de prospección de pinturas rupestres en 1933 (Fondo gráfico de Juan Cabré, nº de inventario 1895). Fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Para llegar a tal deducción, inicialmente hemos tenido en cuenta que las relaciones personales de Cabré y Alcalde del Río en 1933 eran prácticamente inexistentes. Para esa fecha, y ya desde el estallido en 1914 de la I Guerra Mundial, la actividad como arqueólogo de Alcalde del Río había cesado, dedicándose por entero a la dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, llevando a cabo únicamente estudios de carácter etnográfico por el territorio cántabro. Por otro lado, Alcalde del Río, nacido en 1866, tendría en 1933 sesenta y siete años. De hecho, tras su fallecimiento en 1947, Henri Breuil escribe una sentida carta a su viuda e hijas, en donde dice:

“…tuve mucha alegría de encontrarle, la última vez en 1932, ya viejecito pero siempre con el mismo entusiasmo y el mismo corazón amistoso. Después de la última guerra, nos hemos escrito cariñosamente varias veces…”

Ni su edad en 1933, ni la descripción que hace Breuil de su encuentro en 1932, permiten relacionarlo con el personaje que aparece en las fotografías.

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Establecida esta cuestión, y si no se trata del arqueólogo palentino, ¿quiénes son realmente los personajes que acompañan a Encarnación Cabré en las fotografías?

Para obtener respuesta éramos conscientes de que había que aclarar otra cuestión elemental: ¿por qué visitaron Juan y Encarnación Cabré Asturias en 1933?

Pues bien, la investigación de la actividad arqueológica en Asturias en la primera mitad del siglo XX nos permite saber que su presencia estuvo relacionada con el supuesto descubrimiento de una cueva con presuntas pinturas prehistóricas en Nueva de Llanes. Al respecto, el mismo Juan Cabré nos informa que en 1933, concretamente en el mes de abril, Constantino Cabal, secretario de la Comisión de Monumentos de la provincia de Oviedo, comunicó al Ministerio de Instrucción Pública el descubrimiento de una cueva con pinturas prehistóricas en el Pico de Socampo, en Nueva de Llanes. Dicho descubrimiento habría sido realizado por tres vecinos del pueblo: Florencio Carbón, Sacramento Díaz y Luis Sánchez, (este último, médico de Nueva) y certificado por Fernando Carrera Díaz-Ibargüen, farmacéutico, procurador de tribunales, miembro de la Comisión Provincial de Monumentos y comisario local de excavaciones arqueológicas del concejo llanisco, “señor de gran cultura y competencia en estos estudios”. Al respecto Cabré comenta que:

“El que suscribe fue designado […] para que se trasladase a Asturias e informase acerca del descubrimiento […] efectuando dicho viaje de inspección el día 11 de mayo último en compañía de su hija María de la Encarnación…”

Con esta información seguimos indagando en el archivo fotográfico de Juan Cabré, encontrando una tercera fotografía donde aparecen de nuevo nuestros tres protagonistas, junto a un cuarto personaje. De dicha fotografía, consignada en el inventario como CABRE-1898 (figura 3), las anotaciones de archivo señalan que se trata de un retrato de Encarnación Cabré “junto a tres personas, y al fondo, vista general del Pico Socampo (Nueva de Llanes, Asturias), hacia 1933”.

Socampo: retrato de Encarnación Cabré en Nueva de Llanes, junto con otros tres personajes
Figura 3. Retrato de Encarnación Cabré en Nueva de Llanes durante un viaje de prospección de pinturas rupestres en 1933 (Fondo gráfico de Juan Cabré, nº de inventario 1898). Fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Dicha fotografía fue tomada sin duda en una de las visitas que en aquel viaje Cabré y Encarnación realizaron a la cueva recién descubierta. Sobre este particular Cabré continúa diciendo:

“…invirtiendo en su estudio desde el 12 al 15 del mismo mes, en cuya labor fue eficazmente auxiliado por los Sres. Carrera, Sánchez y Díaz […] habiéndole servido dichos señores, además, de guías en la visita que hizo, como estudio complementario de lo anterior, a las cuevas de El Penicial […], a la de Pindal y a Peña Tú…”

Este último comentario nos da la clave de la identificación, dado que los tres personajes que acompañan a Encarnación en la fotografía de Socampo serían los mencionados Carrera, Díaz y Sánchez. Una carta de Fernando Carrera dirigida a Constantino Cabal, fechada el 16 de mayo de 1933, conservada en el archivo de la Comisión Provincial de Monumentos (figura 4), confirmaría lo expresado por Cabré:

“El señor Cabré que llegó a Nueva el viernes último marchó el lunes (ayer), deteniéndose en Peña Tu, Pindal y Santillana […] le acompañé en sus trabajos así como a su hija Encarnación…”

Correspondencia de Díaz-Ibargüen con Constantino Cabal
Figura 4. Fragmento de la carta de Fernando Carrera Díaz-Ibargüen a Constantino Cabal. Archivo del Museo Arqueológico de Asturias.

Así pues las fotografías de Juan Cabré en la cueva de El Pindal fueron tomadas durante las visitas aludidas, en compañía de los señores Carrera, Díaz y Sánchez. La comparativa con la fotografía de Fernando Carrera publicada en la Gran Enciclopedia Asturiana (figura 5) nos permite concluir que el personaje de la gabardina no es otro que él mismo, siendo el tercer personaje, vestido con pajarita, bien el médico Luis Sánchez, bien el vecino de Nueva Sacramento Díaz.

Fernando Carrera Díaz-Ibargüen
Figuras 5. Fernando Carrera Díaz-Ibarguen. Fuente: Gran Enciclopedia Asturiana.

La cueva de Socampo fue visitada pocos meses más tarde por Francisco Benítez Mellado, enviado por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, acompañado por uno de los hijos del Conde de la Vega del Sella. A partir de un estudio detenido certifica la absoluta falsedad de las pinturas halladas, con la prueba inequívoca de un análisis de las mismas, que contenían de sustancias químicas presentes en las pinturas industriales. Estas falsas representaciones gráficas fueron tapadas y destruidas en torno a 1947.

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Fernando Carrera Díaz-Ibargüen siguió ejerciendo su función de procurador, participando de manera intensa en la vida cultural de Llanes y Asturias con contribuciones en prensa y libros publicados relativos a la historia y etnografía de la región. Llegó a ser miembro de la Real Academia de La Historia, del Instituto de Estudios Asturianos y cronista oficial de Llanes. Falleció en 1973, a la edad de 96 años.

Encarnación Cabré
Figuras 6. María de la Encarnación Cabré Herreros. Fuente: wikipedia.

Encarnación Cabré (figura 6), desde muy joven frecuente acompañante de su padre en sus viajes y visitas arqueológicas, está considerada en la actualidad como la primera mujer en España dedicada a la Arqueología. Becada por la Junta Superior de Ampliación de Estudios para cursar estudios de Prehistoria y Antropología en Berlín y Hamburgo (1934-1935), realizó diversos viajes formativos por Europa contactando con los principales arqueólogos de la época. Llegó a ser profesora-ayudante en el departamento de Arte de la Universidad Complutense de Madrid, destacando su participación en el estudio e investigación del arte rupestre de La Cueva de Los Casares (Guadalajara). Tras la Guerra Civil abandonará la investigación arqueológica, que retomará mucho más tarde, cuando a partir de 1974 publicará varios trabajos sobre la Edad del Hierro en la Meseta, dando a conocer materiales inéditos de las excavaciones del Marques de Cerralbo. Falleció en el año 2005, a la edad de 93 años.

(Publicado originalmente en 2018 en El Revistín de Pimiango)

 

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BIBLIOGRAFÍA

 

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Arte y Naturaleza en la Prehistoria (2016) y la Exposición de Arte Prehistórico Español (1921)

“La creación de la CIPP en 1912 constituye el inicio de la mejor colección de copias de arte rupestre español depositada en un Museo, y con ella comienza el periodo más fructífero de descubrimientos de arte rupestre de la Península Ibérica, y su reproducción sistemática a través de copias directas en papel” (Begoña Sánchez, 2013)

 

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EL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES expone desde el pasado 19 de noviembre y hasta el próximo 19 de mayo parte de su colección de calcos de arte rupestre. Dicha colección está formada tanto por calcos de representaciones paleolíticas como levantinas o esquemáticas, abarcando prácticamente la totalidad de la geografía española.

La mayor parte de esta colección de reproducciones es resultado de la actividad que la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas (CIPP) llevó a cabo en nuestro país entre 1912 y 1936, con algunas adicciones posteriores. Aquellos años constituyen probablemente el periodo más fructífero de descubrimientos e investigaciones sobre arte rupestre que ha tenido lugar en España, gracias a la altura científica y personal de investigadores como Eduardo Hernández-Pacheco o el Conde de la Vega del Sella. La mayoría de las reproducciones de la colección fueron llevadas a cabo por Juan Cabré Aguiló o Francisco Benítez Mellado, dibujantes de dicha Comisión.

Reproducción realizada por Juan Cabré de uno de los paneles decorados de la cueva de La Pileta © Begoña Sánchez, IPC
Reproducción realizada por Juan Cabré de uno de los paneles decorados de la cueva de La Pileta © Begoña Sánchez, IPC

No es, desde luego, la primera vez que se exponen estas obras. La primera ocasión en que se pudieron contemplar buena parte de estas reproducciones fue con motivo de la Exposición de Arte Prehistórico Español de 1921, que tuvo como sede la Biblioteca Nacional de Madrid. Fue patrocinada por la Sociedad Española de Amigos del Arte, actuando como comisario de la misma Elías Tormo, catedrático entonces de Historia del Arte en la Universidad de Madrid. Contó con un comité científico en el que destacaban, entre otras personalidades, el Marqués de Cerralbo, Manuel Gómez-Moreno, José Ramón Mélida, Eduardo Hernández-Pacheco, Juan Cabré, Hugo Obermaier, Lorenzo Sierra, Henri Breuil, Hermilio Alcalde del Río, Vega del Sella, Luis Siret o Pedro Bosch Gimpera.

Reproducción de Benítez Mellado del panel principal de la cueva de El Pindal © Begoña Sánchez, IPC
Reproducción de Benítez Mellado del panel principal de la cueva de El Pindal © Begoña Sánchez, IPC

La muestra estuvo organizada en tres secciones repartidas en cuatro salas: la primera de las salas estaba dedicada al denominado “Arte de Cantabria”; las salas II y III al “Arte de Levante”; y la sala IV al arte del Neolítico y Eneolítico. En ellas se podían contemplar las reproducciones, junto a fotografías, planos, mapas y materiales arqueológicos. En la exposición destacaban sin duda las reproducciones gráficas, alusivas a 82 sitios con arte prehistórico, 271 de las cuales se correspondían con yacimientos cantábricos. Además de reproducciones procedentes de la CIPP, también había calcos fruto del trabajo llevado a cabo en nuestro país por el Instituto de Paleontología Humana de París (IPH). El cartel de la Exposición fue encargado a Francisco Benítez Mellado.

Cartel realizado por Francisco Benítez Mellado para la Exposición de Arte Prehistórico Español de 1921.
Cartel realizado por Francisco Benítez Mellado para la Exposición de Arte Prehistórico Español de 1921. © Museo Nacional de Antropología, Archivo Sociedad de Amigos del Arte

En paralelo a la muestra, se programaron otras actividades, como varias conferencias impartidas por alguno de los miembros de la comisión organizadora, entre ellos Hernández-Pacheco o Hugo Obermaier. También se llevó a cabo un solemne homenaje a Marcelino Sanz de Sautuola y Juan Vilanova y Piera. El acto inaugural contó con la presencia de la Familia Real, además de personalidades destacadas de la política, la sociedad y la cultura. La exposición tuvo una importante cobertura mediática, con medios de comunicación como El Sol o ABC que no solo dieron repercusión a los acontecimientos relacionados con la misma (conferencias o visitas guiadas), sino que publicaron artículos específicos dedicados a investigadores o contenidos.

Portada del ABC, con la fotografía de la inauguración de la Exposición de Arte Prehistórico Español © ABC
Portada del ABC, con la fotografía de la inauguración de la Exposición de Arte Prehistórico Español © ABC

La Sociedad Española de Amigos del Arte editó un espléndido catálogo, obra de gran formato donde además de una selección de reproducciones, aparecerán algunas referencias a las técnicas de empleadas, siendo la más característica la copia a partir de calcos, aunque también se harán croquis o dibujos a mano alzada.

Reproducción de Benítez Mellado del Muro de los Grabados de la cueva de la Peña de Candamo © Begoña Sánchez, IPC
Reproducción de Benítez Mellado del Muro de los Grabados de la cueva de la Peña de Candamo © Begoña Sánchez, IPC

Aquella Exposición de 1921, resultado de la investigación y la publicación del arte prehistórico español, formó parte del proceso de institucionalización de la arqueología prehistórica en España, tal y como recalcan los investigadores Marco de la Rasilla y David Santamaría. Y como Dolores Moneva señala, fue una prueba de la dimensión pública y la proyección social que ya entonces estaba alcanzando en España el arte rupestre como excepcional patrimonio arqueológico.

Vista de la exposición "Arte y Naturaleza en la Prehistoria", en el MNCN © Begoña Sánchez, IPC
Vista de la exposición “Arte y Naturaleza en la Prehistoria” en el MNCN © Begoña Sánchez, IPC

La colección de reproducciones que ahora se expone en el Museo de Ciencias Naturales, bajo el comisariado de Begoña Sánchez, es más que una muestra del rico patrimonio arqueológico español. En el mundo actual, donde las nuevas tecnologías generan asombrosas expectativas en la investigación y difusión del arte rupestre, la recuperación de esta colección de reproducciones y su difusión al público suponen, no solo un repaso a la historia de la investigación y los descubrimientos, sino un reconocimiento a la tarea de aquellos investigadores que, con pocos medios y en una España convulsa, desarrollaron con ingenio y talento una metodología de trabajo y documentación admirable.

Su visita, hasta el 19 de mayo de 2016, se nos antoja imprescindible.

 

­ARTE Y NATURALEZA EN LA PREHISTORIA. LA COLECCIÓN DE CALCOS DE ARTE RUPESTRE DEL MUSEO NACIONAL DE CIENCIAS NATURALES.
Del 19 de noviembre de 2015 al 19 de mayo de 2016.
Comisaria: Begoña Sánchez Chillón. Conservadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).
Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Más información

 

­Fuentes:

MONEVA MONTERO, María Dolores. “Primeros sistemas de reproducción de arte rupestre en España”. Espacio, Tiempo, Forma, serie I, Prehistoria y Arqueología, 6, 1993, 413-442 (1,1 mb).

MONEVA MONTERO, María Dolores. “La exposición de arte rupestre de 1921”. Revista de Arqueología, 15 (157), 1994, 42-47.

RASILLA VIVES, Marco de la; SANTAMARÍA ÁLVAREZ, David. “La Exposición de Arte Prehistórico Español de 1921: el cometido del arte rupestre en la institucionalización de la arqueología prehistórica en España”. En Sulcum Sevit. Estudios en Homenaje a Eloy Benito Ruano, vol. I, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Oviedo, 2004, 3-47.

SÁNCHEZ CHILLÓN, Begoña. “Los inicios de la documentación gráfica del Arte Rupestre en España: la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas”. Cuadernos de Arte Rupestre, 6, 2013, 33-51 (4 mb).

 

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Sociedad Española de Amigos del Arte. Exposición de Arte Prehistórico Español. Catálogo Ilustrado. Madrid 1921 (29 mb).

 

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Hermilio Alcalde del Río (1866-1947)

“La noticia del fallecimiento de mi buen y fiel amigo acaba de llegarme, y me llena de tristeza por la larga amistad y tantos felices recuerdos de excursiones y buen trabajo entre ambos. Tuvimos juntos, entre 1906 y hasta 1914, unas largas temporadas de colaboración, de las mejores de nuestras vidas, que las lastimosas guerras han estropeado” (Henri Breuil, 1947).

 

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Hermilio Alcalde del Río
Hermilio Alcalde del Río

NACIDO EN LA LOCALIDAD DE VILLAMEDIANA (Palencia), se traslada junto a su madre a Torrelavega tras el temprano fallecimiento de su padre. Será en esta localidad donde lleve a cabo sus estudios de Enseñanza Media, desplazándose con posterioridad a Madrid para cursar estudios de Arte en la Escuela Especial de Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura, que concluirá en 1891. De regreso a Torrelavega, con ayuda de la Asociación para el Fomento e Instrucción de Clases Particulares, funda la Escuela de Artes y Oficios, destinada a la preparación de obreros y artesanos, institución modelo que regentó hasta sus últimos días y que a base de esfuerzo y tesón convertirá en un referente nacional entre los centros educativos y formativos del país.

Su primer contacto con el arte rupestre paleolítico se produce con motivo de la visita que en 1902 realizan Henri Breuil y Émile Cartailhac a la cueva de Altamira, comisionados por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia. Después de aquella visita, y una vez finalizada la campaña de ambos investigadores tras un mes de trabajo, Hermilio Alcalde del Río acometió por su cuenta el estudio y la investigación de Altamira. Si bien carecía de preparación arqueológica, se dedicó con empeño a explorar hasta los últimos rincones de la cueva. Hombre de constitución ligera y ágil, pequeño y delgado, lo que favoreció sus desplazamientos subterráneos, realiza en aquellos meses una extraordinaria copia al pastel de las pinturas y grabados, que fueron situadas por Alcalde del Río en su exacta posición para reconstruir el panel tal y como se encontraba en el techo de la cueva.

Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río
Reproducciones de Altamira realizadas por Hermilio Alcalde del Río

A la vista de los descubrimientos de arte rupestre paleolítico que se estaban sucediendo en Francia, Hermilio Alcalde del Río consideró que Altamira no debía ser un caso aislado en la región, por lo que a partir de 1903 inicia una intensa tarea de prospección por toda la comarca, con la colaboración en ocasiones del padre paúl Lorenzo Sierra, que le lleva a una frenética carrera de nuevos hallazgos de cuevas con arte rupestre en el territorio de Cantabria: en 1903 descubre Covalanas y La Haza junto a Lorenzo Sierra; poco más tarde y ese mismo año, identifica el arte rupestre de El Castillo y de Hornos de la Peña. En 1905 Santián; en 1906, en compañía de Breuil, La Clotilde; en 1907 El Pendo y La Meaza; en 1909 Las Aguas y en 1911 la llamada galería C de La Pasiega, cueva descubierta por Obermaier en el transcurso de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal
Hermilio Alcalde del Río, junto a otras dos personas, a la entrada de la cueva de El Pindal

Pero la labor prospectora de Hermilio Alcalde del Río no se limitó al territorio administrativo de Cantabria; será el responsable de la identificación del arte rupestre en Asturias, con el descubrimiento en 1908 de las pinturas y grabados de El Pindal, Quintanal y Mazaculos; ese mismo año, junto a Henri Breuil y Louis Mengaud, La Loja; y años más tarde, en 1912, San Antonio, a orillas del Sella, cueva que también será visitada ese año por Hernández-Pacheco, y un año más tarde por Henri Breuil.

De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río
De izquierda a derecha, Hugo Obermaier, Henri Breuil y Hermilio Alcalde del Río

Sus primeras publicaciones referidas al arte rupestre se inician en el año 1902, en una serie de artículos que fueron publicados en el diario El Liberal Montañes. En 1906 publica Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas, obra de mérito que contribuyó al reconocimiento de investigadores como Breuil, Martel o Cartailhac, y en la que según el abate Breuil “se exponían nuevos e importantes descubrimientos hechos en las cavernas de Covalanas, Hornos de la Peña o El Castillo”. Si bien el abate Breuil realiza una pequeña crítica sobre sus calcos, Hermilio Alcalde del Río, lejos de aceptarla, la va a rebatir, argumentando que su pericia en la realización de los mismos supera la de Breuil “por su magisterio artístico y sus años de docencia”. La publicación de su estudio sobre las cuevas descubiertas hasta ese momento y sus insistentes cartas al prehistoriador francés acabarán fructificando en una estrecha colaboración entre ambos, a partir de la visita de Breuil a Cantabria en 1906.

El mérito de sus investigaciones y publicaciones y el reconocimiento de aquellos investigadores le permitirán recibir el patrocinio del príncipe Alberto de Mónaco; en 1906 Alcalde del Río firma un contrato con el mandatario monaguesco para fomentar el estudio de la Prehistoria en la región cantábrica, comprometiéndose a la publicación de los descubrimientos efectuados en territorio español. Alcalde del Río cederá los derechos de publicación al Príncipe Alberto, reservándose este la titularidad sobre los dibujos y publicaciones de la obra. Años más tarde, en 1909, con motivo de la presencia de Alberto de Mónaco en Santander, se firma un segundo contrato, que incluirá a Lorenzo Sierra, por el que sufragarían las excavaciones en las cuevas de El Valle, Venta la Perra, Hornos de la Peña y El Castillo, reservándose el príncipe la propiedad de los objetos prehistóricos, que habrían de ser depositados en el Museo Público Español de la provincia de Santander. Después de las visitas del príncipe Alberto a las cuevas cántabras, surge la propuesta de la creación del Instituto de Paleontología Humana de París, gran actor de la investigación prehistórica internacional y cuyas principales actuaciones tuvieron como campo de estudio las cuevas cántabras. Hermilio Alcalde del Río colaborará con el Instituto, a pesar de sus diferencias con Hugo Obermaier, prehistoriador responsable de la excavación de la cueva de El Castillo.

Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.
Hermilio Alcalde del Río junto al príncipe Alberto de Monaco, Breuil y Obermaier.

De resultas de la colaboración de Alcalde del Río con la institución francesa, en 1911 ve la luz la edición de Les Cavernes de la Région Cantabrique, obra cumbre de la prehistoria mundial. En sus 247 páginas, 258 reproducciones y 100 planchas, Alcalde del Río, Henri Breuil y Lorenzo Sierra sintetizan el estudio de las principales cavernas conocidas en la región, incluidas las asturianas Pindal, Mazaculos, Quintanal y la Loja. Esta obra, recientemente reeditada en colaboración con las administraciones autonómicas de Cantabria y Asturias, surge en un ambiente de incipiente actividad científica, donde destaca la figura de Alcalde del Río, ofreciendo por vez primera y con carácter monográfico el estudio de diversas cavidades con arte parietal, en un detallado registro documental de las figuras conservadas.

Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique
Calco de cierva y bisonte de El Pindal, publicado en Les Cavernes de la région cantabrique

El estallido de la I Guerra Mundial pondrá fin a las actividades del Instituto de Paleontología Humana y a la colaboración de Alcalde del Río con sus investigadores. Si bien continuará manteniendo relación epistolar con Cartailhac y con Henri Breuil, se alejará paulatinamente de la investigación arqueológica, dedicándose por entero a la dirección de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, llevando a cabo además estudios de carácter etnográfico por el territorio cántabro. Entre 1920 y 1922 es elegido alcalde de Torrelavega.

Fallece en 1947, tras lo cual, el abate Henri Breuil envía una sentida carta a su viuda e hijas: la cita del encabezamiento pone de manifiesto hasta que punto las convulsiones de la primera mitad del siglo XX alteraron sus propuestas de estudio e investigación conjunta: “tuve mucha alegría de encontrarle, la última vez en 1932, ya viejecito pero siempre con el mismo entusiasmo y el mismo corazón amistoso. Después de la última guerra, nos hemos escrito cariñosamente varias veces…”

Hombre discreto, “tan sabio como modesto”, su figura y obra es clave en los inicios de las investigaciones sobre arte rupestre tanto en Cantabria como en Asturias.

 

­Fuentes:

MADARIAGA DE LA CAMPA, Benito. Hermilio Alcalde del Río. 1866-1947. Biografía de un prehistoriador de Cantabria. Ayuntamiento de Puente Viesgo, Obra Social de Caja Cantabria, Puente Viesgo, 2003.

FERNÁNDEZ VEGA, Pedro A.; GARCÍA DÍEZ, Marcos; HUREL, Arnaud. Las Cavernas de la Región Cantábrica (Cantabria, España). Centenario de las Excavaciones de El Castillo y de la fundación del Instituto de Paleontología Humana (París) – Fundación S.A.S. Alberto I de Mónaco.  Gobierno de Cantabria. Imprenta Quinzaños, Santander 2010.

 

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Les Pedroses

“Su gran interés reside en la extraordinaria información que, tanto artística, como religiosa, ofrece el conjunto rupestre situado en su galería NE, a pesar de sus reducidas dimensiones y de las escasas figuras de animales en ella representadas, pero con significativos cambios de técnicas  y estilos; y también por las superposiciones y correcciones posteriores” (Francisco Jordá, 1991).

 

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Entrada de la cueva de Les Pedroses. © López de Arenosa, La Nueva España
Entrada de la cueva de Les Pedroses. © López de Arenosa, La Nueva España

LA CUEVA DE LES PEDROSES se ubica en las cercanías de El Carmen (Ribadesella), formando parte del importante conjunto de cuevas paleolíticas documentado en el concejo de Ribadesella. En sus proximidades, en las cercanías de Fresnu, se localizan las cuevas de El Cierro y el abrigo del Requexau; algo más alejadas, Cova Rosa y las cuevas del macizo de Ardines (Tito Bustillo, La Lloseta, La Cuevona y Viesca). Está situada en un farallón calizo muy carstificado, donde se abre una boca de acceso bastante amplia, que conduce a una galería de unos 70 m, bajo la cual transita, intermitente, un curso de agua subterráneo.

Fue descubierta por Francisco Jordá Cerdá en 1956, una vez terminada la campaña de excavaciones arqueológicas que el entonces Jefe del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial de Oviedo llevaba a cabo en la cercana cueva de La Lloseta. El descubrimiento y la identificación de su arte rupestre se hizo en compañía de Antonio Álvarez Alonso, capataz del citado Servicio, y de José Ruisánchez Rodrigo, vecino de la localidad de El Carmen, que  fue quien señaló la existencia de la cueva. Para 1956, Les Pedroses se constituía en la segunda cueva con arte rupestre conocida en el concejo de Ribadesella, después de la vecina cueva de San Antonio, cuya única figura parietal, un caballo pintado en color negro, fue identificado por Hermilio Alcalde del Río en el año 1912.

Calco de Francisco Jordá del panel de la cueva de Les Pedroses
Calco de Francisco Jordá del panel de la cueva de Les Pedroses

A pesar de los trabajos de documentación realizados por Francisco Jordá en la cueva de Les Pedroses, en colaboración con su ayudante Manuel Mallo y del topógrafo Celestino Cuervo,  y a pesar de los intentos y esfuerzos del profesor Jordá, la publicación monográfica de su arte parietal nunca verá la luz, aunque serán constantes las alusiones del arqueólogo alcoyano a Les Pedroses tanto en congresos científicos como en obras generales de divulgación. Toda la información y los textos elaborados acaban de ser recopilados y publicados por Jesús F. Jordá Pardo, y si bien recientes trabajos de investigación y divulgación refereridos al arte paleolítico asturiano en general, y de las cuevas de Ribadesella en particular, han permitido documentar nuevas evidencias gráficas, la publicación de estos manuscritos inéditos son una interesante aportación a la historia de las investigaciones prehistóricas en Asturias.

Planta de la cueva de Les Pedroses. © Celestino Cuervo, Francisco Jordá
Planta de la cueva de Les Pedroses. © Celestino Cuervo, Francisco Jordá

Al margen del arte rupestre de la cueva, son muy escuetas las referencias a los restos arqueológicos del yacimiento, aunque se constata la presencia de un conchero de cronología asturiense o posterior. No obstante en 1959 Hernández-Pacheco cita la presencia de materiales paleolíticos que se podrían atribuir al Solutrense superior o Magdaleniense inferior, publicándose un fragmento de azagaya que se asigna, con pequeños matices, a esa misma cronología. También de interés es el hallazgo de restos cerámicos recogidos en el interior de la cueva, y que pertenecen a una misma vasija de base plana, conservada en el Museo Arqueológico de Asturias, de factura manual, de pasta y textura poco compacta y de cocción desigual, con decoración escasa compuesta por incisiones y digitaciones. Su cronología es dudosa, pudiendo abarcar desde fases neolíticas hasta la Edad de Bronce.

Vista general del panel decorado de la cueva de Les Pedroses. © Equipo Norte, Ministerio de Cultura
Vista general del panel decorado de la cueva de Les Pedroses. © Equipo Norte, Ministerio de Cultura

El arte rupestre de la cavidad se concentra en un pequeño panel de unos 3 x 1,50 m, situado a unos 60 m de la entrada de la cueva, y en el que Jordá señala tres fases de realización artística. La primera de ellas abarca seis figuras grabadas, identificadas como un uro y cuatro cérvidos, a los que se uniría un caballo del que tan solo se reconoce la grupa, realizadas mediante la técnica de grabado múltiple y rellenos estriados. Las figuras aparecen incompletas, algunas de ellas del tipo descrito como “contornos inacabados”, y en todo caso acéfalas, circunstancia que caracteriza a las representaciones figurativas de esta cueva.

Representación acéfala de la cueva de Les Pedroses. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Representación acéfala de la cueva de Les Pedroses. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

La segunda fase de realización artística, superpuesta a la anterior, se compone de tres representaciones acéfalas, en este caso descritas por Jordá como un uro y dos cérvidos, y donde de nuevo está presente la técnica de grabado múltiple, aunque en combinación con el color, ya que las tres representaciones se rellenan en tinta plana roja, que en la actualidad presenta una desigual intensidad.

Figura acéfala de la cueva de Les Pedroses. © Equipo Norte, Ministerio de Cultura
Figura acéfala de la cueva de Les Pedroses. © Equipo Norte, Ministerio de Cultura

En la tercera fase, se produce una modificación en la figura de toro acéfalo grabada en la primera fase, a la que se le añaden dos cabezas de uro, de distinto tamaño y grabadas con trazo simple pero intenso. También se representa un grabado descrito por Jordá como “figura ideomorfa”, realizado con la misma técnica que las dos cabezas aludidas, y compuesta por un doble ángulo de lados curvos que se entrecortan entre sí, y que si bien podría tratarse de una esquematización animal, no descarta pudieran ser representaciones de tipo “vulviforme”.

Restos de pintura roja localizados en Les Pedroses, interpretados como un posible antropomorfo © Rodrigo de Balbín, Consejería de Cultura.
Restos de pintura roja localizados en Les Pedroses, interpretados como un posible antropomorfo © Rodrigo de Balbín, Consejería de Cultura.

Además de las representaciones descritas por Jordá, trabajos recientes de documentación artística de las cuevas de Ribadesella llevados a cabo por un equipo dirigido por Rodrigo de Balbín, identificaron en Les Pedroses otros restos pictóricos en color rojo, dispuestos en hornacinas y pequeñas galerías que descienden hacia el nivel inferior. También en Tito Bustillo, en el Panel Principal, se identificó una representación muy similar a las figuras acéfalas de Les Pedroses, en tinta plana roja.

representación acéfala, similar a las documentadas en la cueva de Les Pedroses, localizada en el Panel Principal de Tito Bustillo. © Miguel de Guzmán, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
representación acéfala, similar a las documentadas en la cueva de Les Pedroses, localizada en el Panel Principal de Tito Bustillo. © Miguel de Guzmán, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

La interpretación de Francisco Jordá en relación con las representaciones acéfalas de Les Pedroses fue siempre orientada a cuestiones de ordenación religiosa, considerando que eran «el exponente de una de las varias formas de religiosidad zoolátrica del Paleolítico superior en la región cantábrica, en la que determinados animales, que deben ser considerados como dominantes, aparecen representando un papel propio de una historia mítica e integrados en una ordenación ritual».

 

­Fuentes

JORDÁ CERDÁ, Francisco; MALLO VIESCA, Manuel. “La cueva de Les Pedroses (El Carmen, Ribadesella, Asturias)” en Nailos. Estudios Interdisciplinares de Arqueología, n. 1, 2014, p. 131-162.

JORDÁ PARDO, Jesús Francisco. “La cueva de Les Pedroses (El Carmen, Ribadesella, Asturias). Recuperación de unos manuscritos inéditos” en Nailos. Estudios Interdisciplinares de Arqueología, n. 1, 2014, p. 121-130.

 

­BIBLIOGRAFÍA

 

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