Guía del Arte Rupestre Paleolítico en Asturias

“El matiz ligeramente emotivo que subyace en algunos textos es consciente, porque el objeto de estudio lo es y porque creo que es una buena estrategia para conseguir que el visitante profano entienda el arte paleolítico como lo que es: emoción y pensamiento” (María González-Pumariega, 2008)

Guia del Arte Rupestre Paleolítico de Asturias: portadaPUBLICADO EN 2008, el libro se concibe como una guía y va dirigido fundamentalmente al visitante no especialista que quiere tener una información un poco más completa que aquella que se puede ofrecer en el transcurso de una visita guiada.

No obstante conforma un catálogo completo de las cuevas con arte paleolítico de Asturias, dedicando una importante extensión del texto a aquellas abiertas al público (El Pindal, Tito Bustillo, El Buxu, La Peña de Candamo, La Loja, La Lluera), o a aquellas que por su importancia merecen una descripción más pormenorizada (Llonín).

Su autora es María González-Pumariega Solís, y el libro está publicado por Ménsula Ediciones, editorial asturiana especializada en la difusión de obras dedicadas al patrimonio cultural asturiano. El prólogo va firmado por el catedrático de la Universidad de Oviedo Francisco Javier Fortea (1946-2009), y en él hace hincapié en las obligaciones y responsabilidades al respecto de la conservación del arte paleolítico.

La guía se estructura en ocho apartados que incluyen una introducción que sensibiliza al lector al respecto de la excepcionalidad que supone poder visitar una cueva con arte; además de esto, se apoya en cuatro citas convenientemente escogidas, de caracter legislativo una (del preambulo de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español), y de reflexivo contenido, en relación con la intención y el significado del arte rupestre, las otras tres, firmadas por Panofsky y Leroi-Gourhan.

El catalogo descriptivo de las cuevas y abrigos se abre con unas necesarias aclaraciones sobre el medio y el ambiente de la época en la región asturiana, algo esencial para comprender la distribución geográfica y espacial de estos yacimientos. La relación de cuevas y abrigos se organiza de acuerdo a tal distribución, en torno a las principales cuencas fluviales de la región: el Cares-Deva, la cuenca litoral oriental entre Ribadedeva y Llanes, la cuenca del Sella y la cuenca del Nalón.

Un apartado más está dedicado a la cronología, explicando de manera accesible el metodo del carbono 14 e incluyendo dos atractivos cuadros, uno de caracter general y otro específico para el arte rupestre, con referencias cronológicas, de culturas y estilos que sirven para aclarar la cuestión a los lectores no especialistas.

Se dedica un capítulo a los equipamientos relacionados con el arte rupestre de la región, desde las pequeñas aulas didácticas asociadas a algunos de estos yacimientos al Parque de la Prehistoria de Teverga, pasando por el Centro de Interpretación de la Peña de Candamo.

Finalmente, se incluye una bibliografia actualizada seleccionada y un anexo con los mapas de distribución geográfica de los yacimientos mencionados en el texto.

El libro tiene un excelente diseño y abundante documentación gráfica, con muy buenas fotografías que ilustran la riqueza patrimonial del arte paleolítico en Asturias, contando con material procedente del fondo de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, algunos de cuyos autores son Juanjo Arrojo, Rodrigo de Balbín, Alejandro Fernández, Jaime Santullano, Equipo Norte, Javier Fortea, Sergio Ríos y la propia autora.

María González-Pumariega (Oviedo, 1964) es licenciada en Historia e Historia del Arte por la Universidad de Oviedo. Con formación arqueológica desde sus tiempos universitarios (formó parte de los equipos de excavación de La Viña y de Llonín), en la actualidad es personal de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, como guía del Patrimonio Cultural, responsable de la cueva de El Pindal (Ribadedeva). Precisamente la documentación y puesta al día del arte de esta cueva formó parte de su Tesina, trabajo que también fue editado por Ménsula Ediciones en el año 2011. En la actualidad forma parte del equipo de investigadores que dirige el profesor Marco de la Rasilla, dedicándose a la documentación del arte paleolítico del abrigo de La Viña. Sus trabajos no solo demuestran un muy buen conocimiento del arte paleolítico, sinó que sus publicaciones e intervenciones públicas demuestran, en palabras de Javier Fortea “un sincero compromiso con su conservación, manifestándose con valiente voz”

GONZÁLEZ-PUMARIEGA SOLÍS, María. Guía del Arte Rupestre Paleolítico de Asturias. Prólogo de F. Javier Fortea Pérez . Ménsula Ediciones, colección Ménsula Patrimonio, nº1, Oviedo 2008. 126 p. il, col y n. 24 x 17 cm. P.V.P. 18 €

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Arte Paleolítico de Asturias: ocho santuarios subterráneos

“Arte Paleolítico en Asturias es ante todo un catálogo de pintura, el exclusivo y único catálogo de pintura, excepcional porque en él se hace real una exposición imposible: la del arte rupestre paleolítico asturiano” (Manuel Menéndez, 2007)

Arte Paleolítico en Asturias: ocho santuarios subterráneos
Arte Paleolítico en Asturias: ocho santuarios subterráneos

PUBLICADO EN 2007, un año antes de la inclusión de cinco cuevas con arte rupestre paleolítico asturianas en la ampliación de la declaración de Altamira como Patrimonio Mundial de la Humanidad, el libro hace un excelente recorrido gráfico por ocho de las principales cuevas asturianas: La Peña de Candamo, el abrigo de La Lluera, Les Pedroses, Tito Bustillo, La Covaciella, Llonín, La Loja y la cueva de El Pindal.

Sus autores son Pedro Alberto Saura Ramos y Matilde Múzquiz Pérez-Seoane, con la colaboración de Begoña Millán Hurtado y prólogo del prehistoriador Rodrigo de Balbín Behrmann. La génesis del trabajo publicado se encuentra en la labor de documentación llevada a cabo para hacer los facsímiles que forman parte de la exposición permanente del Parque de la Prehistoria de Teverga.

Pedro Saura Ramos (Murcia, 1948) es Catedrático de Fotografía de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Docente, artista y fotógrafo, está especializado en dibujo arqueológico y es considerado uno de los mejores fotógrafos de arte rupestre en la actualidad. También destaca su labor documental relacionada con los pueblos de Papúa-Nueva Guinea, trabajo que se expuso en la muestra “Uantoks”, que permaneció abierta al público hasta el pasado mes de abril en el Museo de la Evolución Humana (Burgos).

La Dra. Matilde Muzquiz (Madrid, 1950-2010), ha sido también profesora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Su tesis doctoral versó sobre el arte paleolítico, desde el punto de vista técnico y desde el análisis del proceso artístico, aplicado al caso concreto de la cueva de Altamira, incorporando nuevas perspectivas de estudio para el arte rupestre paleolítico. Compatibilizó la docencia con los trabajos de reproducción de arte rupestre y con la pintura como actividad artística, en la que cultivo el expresionismo abstracto y el retrato.

Los firmantes del libro son autores de numerosos facsímiles de arte rupestre paleolítico: réplicas de Altamira el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, en el parque cultural “Parque España” en Osaka (Japón) y en el Parque de la Prehistoria de Teverga; réplicas de las cuevas cántabras de Las Monedas, Chufín, Fuente Salín y El Pendo en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira; y Covalanas, junto con las asturianas de La Peña de Candamo, Llonín, Covaciella y Tito Bustillo en el Parque de la Prehistoria de Teverga. También participaron en la instalación para la exposición “La Garma, un descenso al pasado”.

El libro cuenta con excelentes fotografías, todas ellas inéditas hasta entonces, de algunas de las más importantes cuevas de Asturias. Además de la labor documental fotográfica, se ayuda a la interpretación de las figuras, mediante resaltar los trazos sobre la fotografía, ayuda especialmente necesaria en el caso de representaciones grabadas.

También son destacables sus descripciones y algunas de sus reflexiones y análisis, especialmente las expuestas en un apartado dedicado al planteamiento de similitudes entre el Panel Principal de Tito Bustillo y el techo de la cueva de Altamira, con interesantes observaciones sobre las posibilidades de aplicación del color y acertadas valoraciones, como la que les lleva a concluir que entre ambos conjuntos hay analogías en los planteamientos y procedimientos plásticos entre los autores de ambas salas. Van sumando figuras con la intención de crear un conjunto y lo hacen durante un tiempo continuado, con una unidad de tratamiento. El procedimiento para la ejecución es el mismo en las figuras, pero cada una de ellas manifiesta una actitud.

SAURA RAMOS, Pedro A.; MÚZQUIZ PÉREZ-SEOANE, Matilde. Arte Paleolítico de Asturias: ocho santuarios subterráneos. Prólogo de Rodrigo de Balbín Behrmann. Fotografías de Pedro A. Saura Ramos y Begoña Millán Hurtado. Cajastur, Oviedo 2007. 260 p. il, col. 30 x 25 cm. P.V.P. 40 €

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El convencionalismo de la cabra en perspectiva frontal

“La cabra atenta es un elemento muy característico del Magdaleniense cantábrico, porque suma un efectivo nutrido en un repertorio gráfico muy concreto y porque se singulariza de los tratamientos gráficos en el resto del bestiario gráfico” (Ignacio de Barandiarán, 2013)

EN LOS NIVELES ARQUEOLÓGICOS atribuidos al Magdaleniense superior cantábrico han aparecido numerosos objetos mobiliares decorados con un dibujo esquemático, estilizado y convencional, que representa un caprino en visión frontal.

Las primeras referencias a figuras animales en visión frontal se remontan a un centenar de años atrás, siendo el abate Henri Breuil el primer investigador en dar cuenta de este tipo de grabados mobiliares representando caballos, caprinos, cérvidos y bovinos en un reducido número de yacimientos franceses. Apreció fases de modificación, desde figuras naturalistas expresas a otras menos claras y casi ininteligibles, estilizadas o “degeneradas”. De este proceso surgirían motivos de adorno, de uso quizá simbólico por parte de sus autores o portadores.

A este pequeño lote de objetos de cuevas francesas se sumaron muchos más, desde principios de siglo XX hasta la actualidad, procedentes de yacimientos del norte peninsular. El catálogo actual de figuras de cabra esquematizadas en visión frontal de la zona septentrional peninsular consta de sesenta y seis representaciones en treinta y ocho piezas de veintidos yacimientos: de Asturias, La Paloma, Sofoxó, Las Caldas, Tito Bustillo, La Güelga, Cueto la Mina, Balmori y Llonín; de Cantabria, El Pendo, Morín, Valle, Chora y Horno; de Vizcaya, Santimamiñe y Bolinkoba; de Guipúzcoa, Urtiaga, Ekain, Aitzbitarte IV y Torre; de Navarra, Abauntz y Berroberría. A estos habría que añadir noticias de la presencia de una pieza más en Caballón (Burgos). Tres de las piezas aludidas, procedentes de Sofoxó, Tito Bustillo y Llonín, forman parte de la exposición permanente del Museo Arqueológico de Asturias.

Varilla de Sofoxó, con decoración de estilización de cabra en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: vista de anverso y reverso, calco y detalle del motivo decorativo © Texnai, Museo Arqueológico de Asturias
Varilla de Sofoxó, con decoración de estilización de cabra en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: vista de anverso y reverso, calco y detalle del motivo decorativo © Texnai, Museo Arqueológico de Asturias

La pieza de Sofoxó (Las Regueras) procede de las excavaciones arqueológicas del Conde la Vega del Sella; se trata de una varilla de asta de sección plano convexa, ovalada distalmente. Presenta una decoración de cabra estilizada con indicación de los cuernos (dos trazos largos divergentes), orejas (dos trazos menores en posición inferior) y representación convencional del cuerpo mediante dos trazos largos.

Cincel retocador o azagaya de Tito Bustillo, con estilizaciones de cabra en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: vista de anverso y lateral, calco y detalles de los motivos decorativos © Texnai, Museo Arqueológico de Asturias
Cincel retocador o azagaya de Tito Bustillo, con estilizaciones de cabra en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: vista de anverso y lateral, calco y detalles de los motivos decorativos © Texnai, Museo Arqueológico de Asturias

La pieza de Tito Bustillo se ha definido como cincel-retocador o como azagaya biselada. Presenta dos estilizaciones que han sido interpretadas como cérvidos o como caprinos, y procede del área de estancia de Tito Bustillo, de un nivel asignado al Magdaleniense superior inicial.

Costilla de Llonín con estilizaciones de cabra en perspectiva frontal. De arriba a abajo, y de izquierda a derecha: a derecha, anverso, detalle y calco; reverso y calco © Javier Fortea, Museo Arqueológico de Asturias
Costilla de Llonín con estilizaciones de cabra en perspectiva frontal. De arriba a abajo, y de izquierda a derecha: anverso, detalle y calco; reverso y calco © Javier Fortea, Museo Arqueológico de Asturias

La pieza de Llonín se documenta en las excavaciones dirigidas por Javier Fortea, Marco de la Rasilla y Vicente Rodríguez Otero. Procede del nivel IX del sector llamado “Cono Anterior”, correspondiente con una cronología de Magdaleniense superior. Se trata de una costilla decorada profusamente por ambas caras, con signos y cabras estilizadas. En uno de los lados aparece una cabra de perfil y marcas que recorren el borde superior en forma de V; en el reverso aparecen dos cabezas de cabra frontales estilizadas, con cuernos, orejas y cara de forma triangular, alargando una de ellas los trazos de las orejas para definir el cuello. De nuevo en este lado se representan trazos transversales en V. Recuerda, por la abundancia decorativa y por la disposición de las marcas en V, muy abundantes, a una de las piezas líticas decoradas de la cueva de Abauntz.

El tema se interpreta como una forma de estilización, un convencionalismo que ahorra detalles. La identificación con la cabra se realiza a partir de la morfología del animal y de su representación en el arte paleolítico, siendo, en palabras de Ignacio de Barandiarán, una referencia muy veraz a su comportamiento de atención, como cabras en alerta.

Comparativa de actitudes naturalistas de cabras en alerta con ejemplos de decoración en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: El Pendo, Llonín y Abauntz
Comparativa de actitudes naturalistas de cabras en alerta con ejemplos de decoración en perspectiva frontal. De izquierda a derecha: El Pendo, Llonín y Abauntz

En general se muestran en posición frontal o semifrontal, con cuernos y orejas dispuestos a cada lado, y en ocasiones representando la cara de la cabra mediante trazos convergentes en el extremo inferior. Normalmente los trazos son lineales, y la cara presenta una característica silueta triangular alargada. Existen ejemplos en los que se sugieren trazos del cuello o cuerpo del animal. Dentro de este esquema general se producen variantes formales que van de motivos claros y expresos a otros muy esquematizados, que pueden llegar a ser dudosos o discutibles, y que alcanzan a simples líneas en V. Ignacio de Barandiarán ha propuesto algunas variantes formales del tema:

  • Figura completa toda de frente, conformando expresiones de alto realismo que marcan lo esencial de la anatomía de la cabra.
  • Figura completa con cabeza de frente y cuerpo de costado.
  • Figura incompleta con cabeza y mitad anterior del cuerpo, apareciendo en unos casos como silueta muy sencilla, en la que se representan las líneas de cuernos y orejas y perfiles de cara y cuello, y en otros sintetizando partes del cuerpo con detalles de relleno, como trazos transversales o puntuaciones.
  • Figura de la cabeza con alusión al cuerpo por una línea, recta o ligeramente ondulada que la prolonga.
  • Cabeza exenta con distintos grados de estilización; en algunos casos el contorno de la cara y en otros se sintetiza la imagen en lo mínimo expresivo, con dos pares de líneas de orejas y cuernos.
  • Simples incisiones de dos trazos en V aproximada, o en aspa, constituyendo las formas que Breuil consideró como punto final del proceso de degeneración del tema “caprino en perspectiva frontal”. Muchas de estas estilizaciones extremas son identificadas como tales al aparecer “en escenas” con claros motivos de cabras en cerradas agrupaciones, y que serían ininteligibles y discutidas como tales si apareciesen aisladas como motivo decorativo en una pieza mobiliar.

Respecto a los soportes sobre los que aparece este tipo de motivo, existe un predominio de los utensilios: azagayas, hasta veinte; varillas o espátulas, cincel, arpón, cuatro bastones, un propulsor, un colgante en asta de ciervo y un compresor de piedra. En otros casos, aparecen en dos placas, un tubo de hueso y dos bloques de piedra. Obviamente el formato y el tamaño del soporte determinará la disposición del tema.

Motivos decorativos de esquematizaciones de cabras en perspectiva frontal, sobre distintos soportes. De izquierda a derecha: Chora, El Valle, El Pendo y bloque de Abauntz
Motivos decorativos de esquematizaciones de cabras en perspectiva frontal, sobre distintos soportes. De izquierda a derecha: Chora, El Valle, El Pendo y bloque de Abauntz

A esta convención estilizada de cabra en visión frontal se le asigna un valor de seguro diagnostico cronológico, propio del Magdaleniense superior cantábrico. A partir de dataciones directas de algunos objetos y de la disposición estratigráfica de los niveles de los que proceden, no parece descabellado proponer su presencia en un lapso temporal más amplio, desde el Magdaleniense medio, hasta los estadios avanzados y finales del Magdaleniense cantábrico.

Dado el alto número de ejemplos existentes en la zona cantábrica, muy superior a los documentados en Francia, se considera que el convencionalismo de cabra esquematizada en perspectiva frontal es característico del Magdaleniense cantábrico. No obstante algunos ejemplos son reconocidos en el Pirineo francés, con ejemplos en La Vache, Gourdan o Lortet; e incluso en la Dordoña, aunque de manera más débil y discutible, con motivos similares en Laugerie-Basse, La Madeleine, o incluso en motivos decorativos de la conocida lámpara procedente de Lascaux.

Motivos decorativos de esquematizaciones de cabras en perspectiva frontal en Francia. De izquierda a derecha: Gourdan, La Vache (calco) y Lascaux.
Motivos decorativos de esquematizaciones de cabras en perspectiva frontal en Francia. De izquierda a derecha: Gourdan, La Vache (calco) y Lascaux.

Si bien el motivo es predominante en el arte mobiliar, no se pude decir que sea completamente ajeno al grafismo parietal; de hecho se documentan cuatro ejemplos pintados en la cueva de Ekain y uno grabado en la cueva cántabra de El Otero; también en Francia se conocen algunos ejemplos (Niaux).

Ejemplos de representaciones de cabras frontales en el arte parietal. Arriba Ekain; abajo, a la izquierda, El Otero (calco sobre fotografía); a la derecha, Niaux
Ejemplos de representaciones de cabras frontales en el arte parietal. Arriba Ekain; abajo, a la izquierda, El Otero (calco sobre fotografía); a la derecha, Niaux

La difusión de objetos y motivos a lo largo del Magdaleniense, la dispersión geográfica y la densidad de hallazgos, nos pone sobre la pista de los mecanismos de conexión e interrelación de los grupos paleolíticos a larga distancia y de los particularismos e idiosincrasias territoriales; de la intensidad en los contactos o de la relajación en los vínculos; de la diversidad y de la identidad de los grupos humanos y sus relaciones a lo largo del territorio prehistórico europeo.

Fuentes:

Sauvet, Georges; Fortea, Javier; Fritz, Carole; Tosello, Gilles: “Crónica de los intercambios entre los grupos humanos paleolíticos. La contribución del arte para el periodo 20000-12000 años BP” en Zephyrus 61 (1), p. 35-61; Salamanca, 2008.

Barandiaran, Ignacio de; Cava, Ana: “La cabra alerta: marcador gráfico del Magdaleniense cantábrico avanzado” en Rasilla, Marco de la (coord.): F. J. Fortea Pérez Universitatis Ovetensis Magister. Estudios en Homenaje, p. 263-286. Universidad de Oviedo, Ménsula Ediciones, Oviedo 2013.

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Las Herrerías

“El arte paleolítico de Las Herrerías ofrece una característica bien destacada, que es su unidad temática, con representaciones abstractas aisladas en un santuario especial, en el que se ha prescindido de todo otro tipo de representación artística, animal o antropomorfa” (Francisco Jordá y Manuel Mallo, 1972)

LA CUEVA DE LAS HERRERÍAS se ubica en el concejo de Llanes, en la localidad de La Pereda, en la base del llamado Pico Castiellu. Se trata de una cueva geológicamente compleja, con dos accesos desde el exterior, conformando uno de ellos un gran abrigo de entrada con una notable presencia en el paisaje.

Abrigo de entrada a la cueva de Herrerías. © César García de Castro y Sergio Ríos
Abrigo de entrada a la cueva de Herrerías. © César García de Castro y Sergio Ríos

Dicho abrigo da paso a una intrincada red de galerías, pequeñas y estrechas, con evidentes señales de erosión producida por presión hidrostática forzada. Si bien varias de las galerías se encuentran fosilizadas, algunos de los pasos secundarios muestran evidentes señales de reciente actividad. El laberinto de galerías, en dirección NE-SW pasa por una sala triangular bastante amplia a partir de la cual el techo va perdiendo altura, conduciendo a un paso angosto que nos lleva, manteniendo la misma dirección, a la llamada sala de las pinturas.

Plano de la cueva de Herrerías, con indicación de las zonas decoradas. © Francisco Jordá y Manuel Mallo
Plano de la cueva de Herrerías, con indicación de las zonas decoradas. © Francisco Jordá y Manuel Mallo

Se trata de una zona con forma de embudo, en cuyo techo se concentran veintitrés signos rojos, tradicionalmente conocidos con el nombre de “parrillas”: formas cerradas, geométricas, cuadrangulares y compartimentadas interiormente. Además de esta zona, muy cerca de un acceso secundario, ubicado al norte, y en una galería pequeña de incomodo acceso se documentaron otros restos de pintura en color rojo imposibles de descifrar.

Representaciones de "parrillas" de la cueva de Herrerías. © César García de Castro y Sergio Ríos
Representaciones de “parrillas” de la cueva de Herrerías. © César García de Castro y Sergio Ríos

Es descubierta en 1912 por unos padres agustinos, y es visitada en 1913 por Breuil y Alcalde del Río. Las primeras referencias al arte paleolítico de Las Herrerías son publicadas en 1914 por Breuil, Boule y Obermaier, en la revista francesa L’Anthropologie, en la sección referida a los trabajos llevados a cabo en el año 1913 por el Instituto de Paleontología Humana de París. Se trata de una escueta referencia, donde se alude a Herrerías con el nombre de “cueva de Bolao”, nombre que en realidad pertenece a otra gruta ubicada en las proximidades. Definían las representaciones de la cueva como “tectiformes” pintados en color rojo (“frise de signes tectiformes peints en rouge“), acompañando la reseña de un croquis realizado a mano alzada.

Calco de Henri Breuil del arte de las Herrerías, publicado en 1914
Calco de Henri Breuil del arte de las Herrerías, publicado en 1914

En realidad la catalogación de los signos en forma de parrilla como “tectiformes”, también aplicada a signos similares en otras cuevas, como el caso de El Buxu, no se ajusta demasiado a su morfología: “tectiforme” hace referencia a una tipología de signo bien definido, con remate en forma triangular, formado por dos líneas oblicuas a modo de techo,  perfectamente localizado en las cuevas francesas de la Dordogna (Bernifal, Les Combarelles,  Font-de-Gaume o Rouffignac).

Tectiformes de la cueva de Font-de-Gaume
Tectiformes de la cueva de Font-de-Gaume

El estudio más extenso sobre las pinturas de Herrerías es publicado en 1972 por Francisco Jordá y Manuel Mallo. En él se insiste en que los signos “en parrilla” conservados en Herrerías repiten el mismo motivo a lo largo del techo de la sala de las pinturas: formas más o menos rectangulares con trazos interiores paralelos. Más allá de las descripción de los motivos, de la concentración y repetición del signo dominante y de la ausencia total de representaciones animales, recientemente se ha señalado una ordenación gráfica según “diversa orientación y en función de ciertos accidentes geológicos“, como grietas u oquedades.

Detalle de una de las "parrillas" de la cueva de Herrerías. © Javier Fortea
Detalle de una de las “parrillas” de la cueva de Herrerías. © Javier Fortea

Los diferentes motivos están pintados en un rojo intenso, combinando puntuaciones y trazo único; lamentablemente algunos de ellos han sido agredidos en tiempos recientes por raspados y frotamientos. Para los motivos de Herrerías se pueden señalar paralelos en cuevas asturianas (Tito Bustillo), cantábricas (Aguas de Novales) y francesas (Le Cantal), siendo especialmente llamativa la semejanza del motivo de la cueva francesa con la parrilla de Herrerías señalada con el número siete en el calco de Jordá y Mallo. No obstante para estos autores la significación de estos motivos tienen una delimitación territorial definida, tratandose de un tema similar pero con versiones distintas en otros ámbitos geográficos, llegando a plantear su relación con “algún signo distintivo relativo a una colectividad humana, expresión plástica de una especie de emblema de un grupo social“.

Comparativa de los motivos de Herrerías: de izquierda a derecha, Herrerías, Tito Bustillo, Aguas de Novales y Le Cantal
Comparativa de los motivos de Herrerías: de izquierda a derecha, Herrerías, Tito Bustillo, Aguas de Novales y Le Cantal

Sin entrar a valorar estas consideraciones, sí debemos tener presente la idea desarrollada por Francisco Jordá de la existencia de “santuarios” monotemáticos, en cuya definición encajaría perfectamente el arte de Herrerías. En esta idea profundizó más tarde Javier Fortea, al referirse a la existencia de espacios singularizados, monotemáticos de signos, y de los cuales, además de Herrerías, encontraríamos ejemplos en la Lluera II (aunque con la presencia de al menos una cierva),  la Galería de Llonín y el conocido Camarín de las Vulvas o el más desconocido Conjunto VI, ambos en Tito Bustillo. Se trata por tanto de sitios que contienen representaciones figurativas y que dedican a los signos “espacios topográficamente muy singularizados o acotados” (Buxu, Llonín, Tito Bustillo), mientras que otros, (Herrerías, Mazaculos, Balmori, Sidrón, Tebellín…) solo contienen este tipo de figuraciones abstractas.

"Parrillas" representadas en la cueva de Tito Bustillo. © Miguel de Guzmán
“Parrillas” representadas en la cueva de Tito Bustillo. © Miguel de Guzmán

Respecto a la cronología de tales manifestaciones, en el caso concreto de Herrerías no se cuenta con elemento de datación alguno, si bien por comparación estilística diversos autores han llevado el arte de la cueva a los momentos finales del Paleolítico superior (Magdaleniense medio y superior). No obstante la secuencia de superposiciones en paneles complejos podría permitir postular una mayor antiguedad para estos motivos: alineaciones de barras en vertical y formas rectangulares con esquinas rectas o redondeadas y compartimentadas en su interior pueden ser adscritas a momentos premagdalenienses en cuevas como Llonín o Tito Bustillo. Sin embargo, y desprovistos de dataciones directas, resulta dificil ordenar cronológicamente estas producciones, que atañen a reducidos lotes gráficos en complejos paneles con distintas fases artísticas superpuestas.

BIBLIOGRAFÍA

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Coímbre

“El bisonte grabado en la cueva de Coímbre es excepcional por la profundidad del trazo grabado y modelado, que transmite una intención casi escultórica por parte del autor. Dada su gran calidad técnica, la figura es por sí misma referencia del arte paleolítico de la región”. (María González-Pumariega, 2008)

Bloque con el bisonte grabado del conjunto B de Coímbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura
Bloque con el bisonte grabado del conjunto B de Coímbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura

COÍMBRE, TAMBIÉN CONOCIDA COMO “CUEVA DE LAS BRUJAS”,  se ubica en las proximidades de Alles, capital del concejo de Peñamellera Alta, en la vertiente norte del llamado monte Pendendo, destacando su gran boca, abierta a unos setenta metros de altura sobre el río Besnes. Muy próxima a la cueva de Llonín, uno de los grandes conjuntos rupestres de la región asturiana, se trata de una gruta de enorme complejidad topográfica.

Fue dada a conocer por Gregorio Gil y Alfonso Moure en 1972, publicándose entonces las primeras referencias a la cueva, su conjunto rupestre y su yacimiento arqueológico, cuya notable entidad se ha puesto de manifiesto en las recientes investigaciones llevadas a cabo entre 2008 y 2012, dirigidas por el arqueólogo David Álvarez Alonso.

Respecto al yacimiento arqueológico que contiene, si bien desde el momento del descubrimiento se hace alusión a su potencial, nunca hasta el año 2008 se hace estudio alguno referido a tal depósito. Las primeras referencias arqueológicas son llevadas a cabo por Pilar Utrilla, quién en 1981 realiza una primera atribución cronológica y cultural a partir de algunos materiales localizados en superficie, que enmarcaría entre el Magdaleniense inferior y medio y el Aziliense. Con posterioridad, y ya en 1997, la arqueóloga Gema Adán publica algunas referencias a material óseo procedente de la cueva y recogido igualmente en superficie. Entre estos materiales destacan una varilla y una azagaya con decoración geométrica que se encuentran depositadas en el Museo Arqueológico de Asturias.

Los trabajos más recientes se centran en dos áreas de excavación localizadas en el interior de la gruta. El llamado sector A corresponde a un cono de derrubios y escombros fuertemente alterado por saqueos modernos. El sector B corresponde a una pequeña cámara situada en el interior de la gran sala de entrada. Destaca el importante número de útiles recuperados a pesar de la escasa superficie excavada, con miles de elementos líticos sobre sílex y cuarcita cuyas características tecnotipológicas remiten a momentos avanzados del Magdaleniense cantábrico. Entre la industria ósea se han recuperado varios fragmentos de azagayas y varillas, destacando una azagaya completa, con sección circular y base en doble bisel. También se han recuperado cinco objetos de adorno con perforación, concretamente tres conchas y dos caninos atróficos de ciervo. Igualmente, procede de este sector un canto grabado con motivos geométricos. Entre la industria ósea se cuenta con la presencia de arpones, que remitirían cronológicamente a los momentos avanzados del Magdaleniense cantábrico. No obstante  la reciente presentación de la secuencia estratigráfica del sector B de Coímbre permite apuntar a una mayor amplitud cronológica en los momentos de ocupación, con niveles antiguos que se remontan al final del Gravetiense y a momentos de transición entre el Solutrense y el Magdaleniense inferior. Los restos faunísticos recuperados señalan un predominio del ciervo y de la cabra como especies cinegéticas.

Se han realizado excavaciones sistemáticas desde el año 2008, dirigidas por el arqueólogo David Álvarez Alonso. © Equipo investigador de Coímbre, Fundación María Cristina Masaveu Peterson
Se han realizado excavaciones sistemáticas desde el año 2008, dirigidas por el arqueólogo David Álvarez Alonso. © Equipo investigador de Coímbre, Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Sobre el arte rupestre de la cueva, la primera descripción publicada por Gregorio Gil y Moure destaca la conservación únicamente de representaciones grabadas, sin restos de pintura. El repertorio gráfico se divide en cinco conjuntos, desde el vestíbulo hasta zonas más profundas ubicadas en el interior de la gruta y galerías secundarias de difícil acceso.

El primer conjunto (A) se encuentra en la entrada de la cueva, iluminado permanentemente por la luz natural: mediante incisiones profundas se representan algunos signos, con trazos lineales verticales y motivos definidos como esquemáticas representaciones vulvares de forma triangular.

En el segundo conjunto (B), ya en el límite de penumbra, destaca la representación de un gran bisonte, conformando una de las representaciones más sobresalientes del arte paleolítico asturiano: sobre un bloque exento de desprendimiento se realizó una figura de más de un metro de longitud, grabada en una línea continua muy profunda y aprovechando la forma natural del bloque, consiguiendo el artista paleolítico un destacado efecto escultórico en la figura. El realismo se consigue además en la posición de las patas, la representación de las pezuñas y cuernos y el detalle del ojo y la boca del animal. Ejemplos similares en el tratamiento del volumen de la figura solo los encontraríamos en algunas figuras de La Lluera y en alguno de los bisontes representados en La Covaciella. En este mismo sector se identifica la parte anterior de un caballo.

Bisonte grabado en la cueva de Coimbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura
Bisonte grabado en la cueva de Coimbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura

El tercer conjunto decorado identificado en la sala interior de Coímbre (D, según la nomenclatura de Moure y Gil), se encuentra al final de la misma, en un pequeño compartimento donde se documentan cuatro figuras de pequeño tamaño trazadas con una línea continua muy fina y en parte sombreados con trazos múltiples y discontinuos, expresando un convencionalismo que inevitablemente recuerda a algunas de las más destacadas representaciones de la vecina cueva de Llonín. Se identifican las cabezas de un bovino, un caballo y un cérvido.

Los dos conjuntos restantes se encuentran en dos galerías secundarias cuyo acceso se ubica en la pared izquierda de la cueva. Apenas a cinco metros de la boca está la entrada a la galería donde se documenta el cuarto conjunto (zona E de la nomenclatura de Moure y Gil). Tras unos quince metros de recorrido que obligan primero a reptar y luego a descender unos cuatro metros por una colada estalagmítica, se llega a un pequeño ensanchamiento donde se documentan dos caballos, dos bovinos, dos ciervos, dos cápridos y varios signos, uno de los cuales semeja un pez. De nuevo se insiste en el uso del grabado simple y continuo combinado con grabados de trazo múltiple y discontinuo. El quinto conjunto (zona C de Moure y Gil) se encuentra en una gatera ubicada en la parte final de la pared izquierda de la cueva, con una serie de pequeñas cabezas de cierva muy difíciles de ver y fotografiar, ya que se encuentran en el techo, lo que obliga a reptar boca arriba para poder apreciarlas. Están realizadas con una línea fina y continua sobre una roca blanda y alterada.

Cabeza de cabra grabada en el conjunto E de la cueva de Coímbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura
Cabeza de cabra grabada en el conjunto E de la cueva de Coímbre. © Equipo Norte, Ministerio de Educación y Cultura

Cronológicamente los grabados de trazo fino o trazo múltiple remitirían a momentos avanzados del Magdaleniense. El gran bisonte, diferente técnica y formalmente, podría remitir en su estilo al Magdaleniense medio, siendo más difícil precisar  la antiguedad de las representaciones del sector A, ubicadas en la entrada de la cueva.

BIBLIOGRAFÍA

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COÍMBRE. INVESTIGACIÓN

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Nuevas evidencias de la presencia del reno en la Península Ibérica durante el Pleistoceno

“El reno, especie adaptada a climas fríos y espacios abiertos, ocupó buena parte de Europa en durante el Pleistoceno Medio y Superior”

© Miguel de Guzmán. Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Reno (detalle) del Panel Principal de Tito Bustillo. © Miguel de Guzmán. Principado de Asturias, Consejería de Cultura

SE ACABA DE PUBLICAR en la revista Boreas un estudio liderado por Asier Gómez-Olivencia, del Museo Nacional de Historia de París, que plantea una revisión cronológica y arqueopaleontológica de la presencia de los renos más meridionales de Europa en la Península Ibérica durante el Pleistoceno. Dicha revisión está relacionada con el hallazgo de un importante número de restos de Rangifer tarandus inéditos procedentes de yacimientos de Vizcaya, entre los que se encuentran los hallados en Arlanpe (Lemona), datados al final del Pleistoceno Medio. El reno, especie adaptada a climas fríos y espacios abiertos, ocupó buena parte de Europa en durante el Pleistoceno Medio y Superior, y a diferencia de otras especies como el mamut o el rinoceronte lanudo, apenas penetra en la Península Ibérica, estando restringida su presencia al norte de Cataluña y la cornisa cantábrica.

Tal y como explica Joseba Ríos, investigador del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana y firmante del artículo, la distribución geográfica no coincide con las representaciones de reno en el arte paleolítico, que tanto en su vertiente rupestre como en manifestaciones de arte mueble muestra una distribución más amplia y que abarca a la Meseta Norte, lo que podría reflejar procesos de comunicación cultural y relaciones y contactos a larga distancia entre los grupos humanos del Paleolítico superior.

Reno grabado en La Covaciella. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Reno grabado en La Covaciella. © Javier Fortea, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

En Asturias la presencia del reno en las manifestaciones parietales paleolíticas está constatada en cuevas como El Pindal, Llonín, Tito Bustillo y La Covaciella, todas ellas ubicadas en la zona oriental de Asturias, aunque la reciente revisión del arte paleolítico de la cueva de La Peña, en San Román de Candamo, permitiría identificar una figura de reno en el área central asturiana. Respecto al arte mobiliar, contamos con representaciones en piezas procedentes de Las Caldas  y de La Viña.

Por contra, los restos de  Rangifer tarandus en yacimientos de la región son escasos, estando documentada su presencia en cuevas como Cueto La Mina, La Riera o Tito Bustillo, en el área oriental de la región, y La Paloma y Las Caldas en la cuenca media del Nalón.

Reno vareto representado en la cueva de Llonín. © L. G. Straus, Principado de Asturias, Consejería de Cultura
Reno vareto representado en la cueva de Llonín. © L. G. Straus, Principado de Asturias, Consejería de Cultura

En este estudio titulado “New evidence for the presence of reindeer (Rangifer tarandus) on the Iberian Peninsula in the Pleistocene: an archaeopalaeontological and chronological reassessment” también han participado investigadores como Diego Gárate, del Museo Arqueológico de Bizkaia e investigador vinculado al Centre de Recherche et d’Etudes de l’art Préhistorique Emile Cartaihac, o Diego Álvarez-Lao, paleontólogo del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo.

Fuente: Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana

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Homenaje a Javier Fortea

“Fue una de las más respetadas personalidades en el estudio y la investigación del arte rupestre paleolítico, trascendiendo su relevancia del ámbito peninsular y alcanzando notable repercusión en el ámbito internacional”

Javier Fortea en una de las campañas deexcavación de la cueva de El Sidrón. © La Nueva España
Javier Fortea en una de las campañas de excavación de la cueva de El Sidrón. © La Nueva España

TRANSCURRIDOS cuatro años desde su fallecimiento en octubre de 2009, se prepara para el próximo mes de octubre un homenaje en recuerdo al prehistoriador Javier Fortea, con la edición de un libro que reunirá artículos de más de cincuenta investigadores a lo largo de sus aproximadamente seiscientas páginas. La publicación es coordinada por Marco de la Rasilla, profesor de Prehistoria en la Universidad de Oviedo y estrecho colaborador de Javier Fortea en gran cantidad de proyectos.

El libro, coeditado por La Universidad de Oviedo y Ménsula Ediciones, con la colaboración de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, reúne los trabajos de investigadores, colegas, antiguos alumnos y amigos de quién proporcionó un notable impulso al conocimiento de la Prehistoria en Asturias.

Si bien en los últimos años su labor investigadora estuvo centrada en el estudio de la cueva de El Sidrón, coordinando un destacado equipo multidisciplinar, no debe olvidarse que fue una de las más respetadas personalidades en el estudio y la investigación del arte rupestre paleolítico, trascendiendo su relevancia del ámbito peninsular y alcanzando notable repercusión en el ámbito internacional. No en vano la publicación que verá la luz en el mes de octubre cuenta con aportaciones de prestigiosos investigadores en ese campo, como Cesar González Sainz, Ignacio Barandiarán, Jean Clottes, Dominique Baffier, Georges Sauvet, Carole Fritz o Gilles Tosello.

Javier Fortea, junto a Manuel Hoyos, entre otros, en una de las campañas de investigación en el abrigo de La Viña. © Durham University
Javier Fortea, junto a Manuel Hoyos, entre otros, en una de las campañas de investigación en el abrigo de La Viña. © Durham University

En este sentido, de enorme relevancia para el conocimiento del arte paleolítico en Asturias han sido sus investigaciones en los abrigos de la cuenca media del Nalón, en la Peña de Candamo, en Llonín y en las cuevas de La Covaciella y El Bosque. Fue asimismo responsable de la coordinación de los estudios de recuperación ambiental llevados a cabo el La Peña de Candamo, y de establecer las pautas de protección y conservación del arte rupestre en Asturias, recogidas en las actas de la Mesa Hispano-Francesa de Colombres, que sobre protección y conservación del arte rupestre paleolítico se celebró en el año 1991.

La presentación del libro-homenaje tendrá lugar el próximo 1 de octubre en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid, y posteriormente el día 11 del mismo mes en un acto que se celebrará en el Aula Magna del antiguo edificio de la Universidad de Oviedo.

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