Aunque se trata de un conjunto dañado por la incuria de los visitantes y por la reiteradas intervenciones y limpiezas faltas del más mínimo rigor, se aprecian de manera espléndida tres caballos y un uro. Destaca el caballo en primer plano, adaptado al resalte natural de la roca, y cuya correcto punto de visión se encuentra abajo, en el Gran Salón.

